De Jotas y Alternativas

Ni de jotas, ni de alternativas tiene esto. Ni de ficciones, ni de realidades. Ni de razones, ni de sentimientos. Tan sólo una lucha de contrarios que como todo Más + Menos da nada como resultado.

martes, octubre 27, 2009

We Are Golden (Mika)

"You paint yourself white. And fill up with noise. But there'll be something missing..."(Radiohead)

¡Dónde está tú hermano! ¡Dónde está tú hermano! Fue lo último que alcancé a escuchar. Su voz más histérica que nunca se fue perdiendo con un efecto de sonido que pareciera que alguien hubiera tomado su grito, échadolo en el water y bajado la palanca. Lo primero que pensé fue que ahora si estábamos metidos en un pedo. Mi hermana, para salvar su pellejo, seguramente llorará al tiempo que dirá no saber nada. Que estábamos jugando junto al río y de repente yo ya no estaba. Mi madre la tomará de los hombros y la sacudirá. Le apretará tanto que seguro le va a dejar las uñas marcadas, con algo de sangre y el pellejito levantado. Después saldrá corriendo a la orilla del río, hecha una loca. Llorando y gritando, siempre llorando y gritando. Mi hermana detrás, sólo llorando. Y yo, tranquilo, si, seguro también me regañará, pero tengo déficit de atención, para cuando ella llegue a la orilla del río, a tan solo unos metros de donde acampábamos, yo ya estaré entretenido en cualquier cosa que me tope por acá abajo. No volveré a saber de regaños hasta que esté en la superficie cuando luego de comprobar que esté bien, me dé mi buena cachetada por haberle asustado tanto.
Y es que, ¿quién no se ha perdido de tanto en tanto en las formas del agua? La corriente provoca remolinos y burbujas que se estrellan contra las rocas o forman pequeñas olas. No cuesta nada ver claramente los pliegues, las capas de agua curveándose o elevándose, las burbujas formarse y desaparecer en las más turbulentas coreografías. ¿Será increible ser una burbuja? Se ven tan hermosas y se mueven tan lindo. A penas se han formado y no puedo resistir las ganas de estirar la mano y tratar de atrapar alguna. Y quedarme mucho tiempo observándola. Reflejándome en ella. Viendo como distorsiona mi rostro, y luego volverla a soltar y verla danzar al capricho de las ondas de agua. Si, por todo eso son hermosas las burbujas. ¡Lástima que duren tan poquito! A penas se han formado, a penas voy estirando la mano y explotan en medio de la corriente. En tan sólo unos segundos, donde decenas de ellas danzaban, no queda nada. Hay que estar entonces una vez más alerta para descubrir a tiempo el rincón donde vuelvan a formarse. Y volver a quedar hipnotizado por tan poco tiempo que con trabajo me daré cuenta. No, no creo que sea tan lindo ser burbuja. No vale la pena pagar por la belleza la efimeridad.

"Wakey wakey. Rise and shine. It's on again, off again, on again. Watch me fall. Like dominoes. In pretty patterns." (Radiohead)

Podría ser también roca o planta. Las hay también por todo el lecho del río. Y tienen, como las burbujas, la capacidad de robar mi atención sin requerir de mucho. Las rocas, que en la superficie eran de un gris casi blanco, acá debajo se han tornado casi negras. ¡Y brillan! No se mueven, nada, quizá las más pequeñas lo hagan, pero de la existencia de esas ni siquiera me doy cuenta. No, son las grandes las que parecen llamarme. Forman barreras, el agua choca contra ellas y forma hilos, se bifurca, como una avenida transitada por cientos de autos a toda velocidad que de repente se dividiera en dos. Y justo en medio, en el punto, en el vértice, donde los caminos se separan, todo es calma. ¿Nadie lo ha notado? El agua corre a toda velocidad, rompe las burbujas, juega con las plantas, y choca con las rocas. Pero no rebota, no se forma un caos, un hervidero de partículas mientras el agua encuentra otro camino, no, la corriente se divide en dos para rodear la roca arrastrándolo todo por la izquierda o la derecha; no obstante, justo en ese punto de quiebre hay una pequeña distancia entre la corriente y la roca donde todo es calmo. Es mucho el tiempo que podría quedar contemplando ese punto, embelesado por esa pequeña zona de paz. ¿Cómo será estar ahí dentro? Seguro se respira la mayor de las tranquilidades. Seguro se respira la mayor de las tristezas. Ha de ser como si un día encontraras una ventana en medio de todo el caos y escaparas por ella y llegaras a ese valle en medio de las montañas donde no se escucha nada, sólo se respira el olor a humedad y a hierba joven. Y seguramente al principio se nos dibujaría en la cara una gran sonrisa. Sin embargo, bien pronto nos daríamos cuenta que nuestro oasis de tranquilidad es también una jaula. Una cámara de tortura, donde uno muere de ascetismo. Si fuera una pequeña gota y quedara atrapada en ese espacio entre la corriente y la roca, bien pronto tendría ganas de reventar.
Las plantas tienen también lo suyo, siempre moviéndose, siempre agitadas por el fluir del río. Me pregunto si habrá algún punto donde la corriente sea tan débil que no las alcance a mover. O que el movimiento sea a penas perceptible. Y, cuando la corriente ha cesado, cuando dejo de moverme como un amante drogado entre sus brazos, el cuadro se vuelve mucho más delicado. Las plantas, las bases totalmente quietas, de un verde oscuro, aterrado. Bien sujetas al piso, gruesas. Las puntas por otra parte se disparan a la superficie. Adelgazándose cada vez más. Decolorándose, ¿o será un efecto de la luz? Van del verde oscuro de la base a un verde claro, con tonalidades amarillentas en las puntas. Las puntas son más danzarinas, se mueven todas al unísono creando una coreografía perfecta en conjunto con los rayos de luz. Las plantas serían poca cosa si no formaran ese equipo. Las plantas y los rayos de luz bailan el más perfecto de los valses. Es imposible no contemplar el número. Un ligero movimiento lo oscurece todo, y después poco a poco, como si fuesen las teclas de un piano, cada punta se va moviendo permitiendo que la luz entre en pequeños disparos, para, finalmente, todas correr en dirección opuesta a donde estaban y dejar los rayos colarse completos. Desde afuera, desde el cielo, hasta el fondo lodoso del río. ¡Son impresionantes! Y es entonces cuando reparo en que en todo el trayecto no había visto peces. Ellos no viven donde las poderosas corrientes. Ellos están acá, salen tímidos de entre el lodo y las rocas y se colocan rápidamente bajo los rayos de luz, juegan también con ellos. En realidad muy probablemente se estén quitando el frío. El agua es helada.

"This is my way of saying goodbye. Because I can't do it face to face. So I'm talking to you before it's too late." (Radiohead)

Y ya no sé si quiero ser burbuja, o roca o planta o pez, cuando unos brazos me arrastran fuera del río. Mi madre al borde de un ataque de nervios se arrodilla al lado mío. Mi hermana llora más atrás. No dudo que le duela lo que ha hecho, pero no le dirá jamás a mamá que ha sido ella quien me ha arrojado al río. Y mucho menos que no lo ha hecho jugando, que lo tenía premeditado hacía tiempo, lo supe en el preciso instante en que me dijo que me asomara, que confiara en ella, que no me soltaría. Me lo decía al tanto que actuaba la más candorosa de las miradas, traicionada por la más fría de las sonrisas. Mamá jamás sospecharía de ella. La ha parido como a mí. Su hija sería incapaz de matar a su hermano. La veo a intervalos, a mamá, cuando el hombre que presiona en estudiadísimos compases sobre mi pecho se retira unos segundos para luego recomenzar. Busca mi mirada, como si algo en ella le indicara que debe encontrarla para poder retenerme. Como si el instinto le dictara que debe encontrar mi mirada para cobijarme con la suya, para hacerme sentir que vale la pena quedarme acá, en la superficie. Y, cuando el hombre se ha cansado de presionar, cuando todo le indica que mi pecho no es ya otra cosa sino agua y se hace a un lado, quedo cara a cara con mamá. Sus ojos me buscan, anhelantes. Con sendas lágrimas a punto de caer. La miro, le regalo una mirada y cuando las lágrimas comienzan a mojar toda su cara, me despido. No quiero estar acá mamá, trato de decirle con los ojos. No hay porque estar tristes que he hecho muchos amigos, con quienes estaré. Cuando quieras, puedes venir a verme, acá, al río. Y si sumerges la cara y te fijas detenidamente, hasta puede que nos encontremos. Estaré jugando con los peces en ese remanso donde las plantas bailan con los rayos de sol. Ella cerró entonces mis párpados, y yo regresé feliz al agua.

"Now that you've found it, it's gone.Now that you feel it, you don't. You've gone off the rails..." (Radiohead)

viernes, octubre 16, 2009

Verde

"Soñé que se me caían los dientes, soñé. Que mis dientes enormes como submarinos se me iban al fondo del mar. Soñé que los peces que duermen aquí entre mis dientes soñaban que eran mis dientes y que se caían." (Liliana Felipe)

Miré al cielo. Era de un azul de lágrimas. De un azul brillante y homogéneo, azul claro, de ese azul de cielo perfecto y acogedor que venden en la televisión coronado con un sol radiante. Pero este si bien era muy luminoso, no tenía sol. Y el tiempo era fresco. Y estaba ligeramente poblado por unas nubes muy blancas, totalmente desgarradas. Este era un cielo frío, de una tristeza radiante. Soñé que si todo se terminaba en ese instante, que si en ese mismo momento chocara, o se me detuviera súbitamente el corazón, que si la historia, mi historia, se detuviera, ese era el cielo que quería ver por última vez.

Y soñé también que no estaba aquí, ni allá. Que estaba en otro lado. Soñé que no me ahogaba más con lo hirviente del aire. Soñé que encontraba una puertita así de repente. Y que la abría y que me llevaba a algún lugar. Uno que no puedo decir, porque no le veía, no sé si era en el campo, no sé si era en una jungla de luces y concreto. No lo sé. Pero era fresco. Era un lugar donde podía respirar. Donde el sol no lastimaba. Donde no sentía que me iba decolorando el sudor a cada gota. No obstante, no era tampoco allá donde ya había estado antes. No era el olor a tierra mojada y el cielo plomizo que se apodera de las tardes de la urbe de junio a octubre. No eran las calles encharcadas, ni los ríos de paraguas. No era el glamour de sus marquesinas y sus locales atiborrados de las más distintas modas. No, no estaba ahí tampoco. Soñé que el aire era fresco y que podía respirar, pero no sabía dónde. Soñé que no estaba aquí, ni allá, ni en ningún lado, pero en otro lado. Desorientado, frío, probablemente riendo al tiempo que un dejo de nostalgia sin nombre me nublaba la mirada, en un lugar así estaba. Quizá triste, pero donde se podía respirar.

"Y siempre soñando soñé que entre sueños soñaba que se me caían los sueños. Soñé. Ustedes comprenden soy una ballena que sueña y no tengo dientes, soy una ballena." (Liliana Felipe)

Soñé que estaba en un sitio oscuro, cerrado. Era un cuarto. Nunca supe qué cuarto era, ni de dónde. Sabía que ella estaba ahí, pero no podía verle tampoco. Sólo imaginaba su mirada, sus expresiones, su rostro lleno de lágrimas. Soñé que era una suerte de lugar trágico, una última instancia, la única donde podíamos, podía, finalmente hablar. Y hablábamos. Sin miedo, sin lágrimas... Sin dramas, sin hacernos daño con ese cariño exagerado que nos tenemos que se ha convertido en nuestro veneno estos últimos años. En nuestra mordaza. Por no hacernos ningún daño nos hemos callado, y el silencio nos ha regalado la distancia, y la distancia el alejamiento, y el alejamiento el dolor. Y yo le decía que me dolía, que me sentía mal porque me duele verla, que no le reconozco, que la enfermedad se la ha acabado y que no sólo me siento incapaz de hacer nada, sino que estoy tan impactado que no sabría por dónde empezar. Y hablábamos del terror que me provocaba saber que muy probablemente la vería morir poco a poco, no por supuesto como todos, sino minada por lo que ya los dos sabíamos. Que extrañaba a la mujer fuerte y a veces hasta altanera que me crió diciéndome siempre que fuera lo que fuese jamás sería menos que nadie, pero más importante aún, tampoco sería más. La que me dijo que trabajara para mi y que ahora me hablaba del miedo que ella tenía de dejarme solo, de irse sin saber que me quedaba con alguien. Alguien especial, alguien que me procurara si no los mismos, casi los mismos cuidados que ella me dio. Y le dije cuánto me dolía que no pudiera estar tranquila por eso, me dolía porque compartía su miedo. Porque no podía hacer nada al respecto y porque por alguna razón, pues eso nunca me había robado el sueño, ahora me sentía sólo y con miedo y con la necesidad de alguien a mi lado. Quizá porque algo nos había alejado hace mucho. El vacío lleno de dolor de no poder hablar mamá y yo. O el miedo de ver cómo uno de mis ejemplos de más fuerza, más independientes se extinguía y necesitaba de alguien a su lado que le ayudara hasta a comer. Y ahora que por fin hablábamos, ella se iba. Y finalmente, sin vernos, sin tocarnos, en esa casi total oscuridad lloramos. Pero no lloramos porque nos doliéramos mutuamente, como otras veces. No lloramos para terminar de envenenarnos, lloramos porque por fin habíamos podido hablar. Y lloramos quizá, porque no podríamos hablar más. Lloré, porque te quiero mamá y nada más.

"Nadé por mares resecos sin sueños nadé. Por deseos desiertos enormes inciertos de besos y labios nadé. Nadé por nadar y nada que nada. Nadaba nadaba, nadaba de lado y no te encontraba." (Liliana Felipe)

Y finalmente soñé que nos teníamos. Y que caminábamos tomados de la mano, en silencio. Por la orilla del mar. No hacía calor ni frío, y moría la tarde en el horizonte. No veía tu rostro, y en esos momentos parecía que no tenía idea de cómo eras, ni de cómo sonabas al hablar. Con nuestras manos juntas bastaba, con ese calor teníamos para caminar a la misma velocidad y rumbo. Soñé que esta vez no salías de una noche de copas, sólo para terminar diciéndome que me engañabas meses después. Tampoco me darías todo, ni tratarías de cumplir mis caprichos. No descubrirías un abanico de posibilidades, de cosas nuevas a cada pregunta que tuviera sólo para un día decirme así sin más que ya no sentías lo mismo, y dejarme caer desde tan alto con impávida frialdad. Ni se apoderaría el egoísmo de ti y te convertiría en una suerte de máquina devoradora, que obviamente no sólo terminaría por devorarme, sino por no quererme y engañarme juntos. Ni yo te utilizaría para salir a flote, para volver a nadar tras haberme ahogado con la última persona. Ni te mentiría colmándote de te quieros con la esperanza de que con el tiempo afloren, sólo para darme cuenta un día que no sólo no aflorarán, sino que lo que nace es hastío. No te haría eso, jamás, ni te obligaría a quererme como mis más estúpidos fantasmas lo exigen, sólo para terminar hiriéndote con llanto si no lo consigo. No, nada de eso era. Eran sólo nuestras manos juntas caminando por la playa. Sin mirarnos, sin decirnos nada, sin siquiera pensarnos, ni pensar en nada, con la mente en blanco, como en la meditación. Sin preocuparnos por el otro, porque ahí sólo había uno. Y si, era paz. La paz de sin tenerte, por fin tenernos.

"Ustedes comprenden que una ballena sin nada, es mucho más triste que una ballena que nada." (Liliana Felipe)

Y soñé que despertaba en un cuarto que no era el mío pero que conocía de años. Y no tenía más que mis sueños, y que mis sueños no bastaban porque aún no conseguía llegar hasta el fondo de mí. Y abrazarme. Soñé que despertaba y no tenía más que mis sueños que se proyectaban deformes contra la misma pared descarapelada.

jueves, septiembre 24, 2009

Om

"They say it fades if you let it, love was made to forget it. I carved your name across my eyelids, you pray for rain. I pray for blindness." (Arcade Fire)

Llegamos a la ciudad muy de mañana, después de un ajetreado viaje en tren. Pese a compartir un privado, no habíamos dormido bien. El tren se detenía constantemente, y la gente en los otros compartimentos platicaba hasta altas horas de la noche. Además, habían tocado la puerta en muchas ocasiones y sin importar la hora. Siempre para verificar que nuestro pasaje estuviese pagado. Pese a que les extendíamos el boleto (sin jamás dárselos), insistían siempre que no estaba pagado o que la tarifa no correspondía. Nunca fueron empleados del tren, gente, oportunistas, que al reconocer a dos turistas intentaban sacar algo de dinero. Sólo una vez tocó la policía, poco antes de la media noche, estuvieron largo rato fuera, les sentimos en la puerta, con los oídos pegados al cristal. Como si esperasen el momento de escuchar cualquier ruido sospechoso para abrir y hacer su agosto. Etienne y yo, al tanto de que la situación podía presentarse en cuanto las autoridades del tren supieran que dos hombres viajaban juntos en un privado, nos comportamos como dos vírgenes esa noche. Cuando la policía se hartó de no escuchar nada, tocó de cualquier forma y, al no encontrar sino a dos turistas leyendo, dejaron de molestar. El resto de la noche no fue sino ruidos, y algo de miedo. Miedo a ser asaltados, o a terminar, como estábamos acostumbrados, abrazados sin darnos cuenta dormidos y tener problemas con las autoridades. Si despertamos abrazados, pero afortunadamente no tuvimos ningún contratiempo.

A penas salimos y fuimos invadidos por el olor a humedad y a incienso. Como si el río, que corría no muy lejos de la estación corriera también por el aire penetrando a todo aquel que llegase a la ciudad desde la primera aspiración. Y estaba también el sándalo, y un olor a especias, a pimienta, a anís, a clavo y a madera quemada. Todo se mezclaba y entraba hasta el cerebro provocando que mucha de la suciedad y la miseria circundante se olvidaran. Como si fuese el aroma un velo o un tamiz que no permitiera ver, nada más sentir. Así, empezamos a caminar hacia el hotel. Con nuestras mochilas a cuestas y en total silencio. Como, sin querer, guardando respeto por el milenario lugar al que estábamos llegando. Caminamos entre un río de personas ocasionalmente surcado por alguna motocicleta, alguna vaca o incluso algún elefante. Doblamos un par de calles y tuvimos nuestra primera visión del río sagrado. No era uno de los ghats principales de los que vienen en las guías. No le reconocimos y había poca gente bañándose en las aguas. No obstante, la visión fue sobrecogedora. Sin darnos cuenta, los dos detuvimos el paso, y yendo hacia la orilla del torrente de gente en el que íbamos, nos quedamos contemplando esa primera imagen del río. Pronto, y también de manera inconsciente estábamos tomados de la mano. No dijimos nada, pero podíamos sentirnos los dos el pulso en las palmas. No dijimos nada, pero sabíamos los dos que estábamos subyugados, no era solamente la visión del río, ni estar en esta ciudad después de años de planearlo; no, los dos veníamos buscando algo y en esa primera aparición, el río nos estaba diciendo que lo íbamos a encontrar, por eso temblábamos.

Sin saber cuánto tiempo pasó, ni en qué momento decidimos continuar, pronto estuvimos caminando entre pequeñas calles. Fuera del mundo de gente, de los mil ruidos. Habíamos intencionalmente escogido ese hotel, que según las guías se encontraba fuera del ajetreo, lejos de las orillas del río y de los mil templos. Tu sais -me dijo Etienne ya en el silencio de las pequeñas calles- la fleuve, quand je l'ai vue, je me suis perdu. Comme si de la hypnose s'agissait. J'ai senti la paix, et l'espoir, mais aussi la peur, je ne sais pas pourquoi. Si -le contesté- te entiendo rey. Me ha pasado algo similar, me sentía sobrecogido, sin palabras, pero lo curioso ha sido que no era una sola sensación, sino que pasé al igual que tú de una cierta idiotez, al amor, y de ahí al gusto de estar acá y luego al miedo, para finalmente quedarme con la duda de qué era todo esto. Etienne sólo me miró con cierta complicidad, y con mucho cariño. Yo, le devolví la mirada que pude. Estábamos en la entrada de nuestro pequeño hostal y agotados por el viaje. Tras tomar una ducha juntos, nos tiramos en la cama y dormimos como no habíamos dormido toda la noche. Al río iríamos por la tarde, después de comer, a ver cómo moría el sol en sus aguas.

Despertamos cercanas las dos de la tarde, mucho más descansados y con hambre. El calor era sofocante así que decidí tomar otro baño. Etienne apoyó la moción y entramos una vez más juntos a la ducha que terminó en besos y abrazos que nos fueron llevando hasta la cama donde, así mojados, hicimos el amor como si quisiéramos demostrarnos lo mucho que nos queríamos más que nunca...o como si estuviéramos haciéndolo por última vez. Después de aquello hubimos de regresar a la ducha antes de salir a la calle a buscar algo de comer. Tu sais comment je t'aime, n'est-ce pas mon petit? -me dijo Etienne al salir del cuarto mientras me clavaba la mirada-. Lo sé -le contesté- yo también te quiero mucho rey. Comimos en un pequeño restaurante, cerca de la orilla del Ganges. Platicamos de los 25 días que llevábamos de viaje, de lo bien que nos habían tratado los chicos en Delhi y de lo asombrosamente cosmopolita que nos había parecido Mumbai. Coincidimos en que había sido una excelente idea visitar India juntos y romper un poco la rutina de los últimos 7 años. Que consistía en vernos en invierno en Francia, a donde yo llegaba en busca de un poco de nieve y ausencia de las hordas de turistas que invaden Europa durante el verano. Pasábamos un par de días en casa de Etienne en Lyon, y luego nos movíamos a visitar algún otro lugar, antes de que emprendiera yo el regreso. En verano era el turno de Etienne, que huyendo de la gente y el clima en Europa, llegaba conmigo a México para escaparnos a alguna playa o algún pueblito en las montañas. Desde que nos conocimos, hacía 7 años, habíamos manejado así nuestra 'relación', el resto del año vivíamos de video llamadas y correos. En dos ocasiones anteriores (durante el primer y segundo verano juntos) no habíamos estado ni en México ni en Francia. Lo pasamos en Brasil y en Australia. Los dos recordábamos esos viajes como lunas de miel. Y, tras cinco años, que nos habían llevado a mucho y a nada, estábamos ahora los dos cerrando nuestro viaje a India. Cada quien armó su ruta ideal, y la discutimos un día por skype para armar algo que cubriera los intereses de los dos. Ambos incluimos Varanasi, y los dos la dejamos para el final. Terminamos de comer y nos encaminamos hacia el Ganges, recorreríamos los principales ghats, para luego tomar un bote y dejarnos envolver por la noche sobre sus aguas.

Y fue ahí, con el sol también muriendo, que ambos compartimos no qué sino que habíamos llegado hasta Varanasi buscando. Écoute Ge, moi, je ne sais pas qu'est-ce que t'en penses, mais on a été ensemble par 7 ans. Ce n'est pas quelque chose. No Etienne, lo sé, 7 años no son cualquier cosa. Y no obstante, qué rápido se ha ido el tiempo, ¿no crees? Si pareciera que fue ayer cuando nos encontramos, y nos fuimos a la cama sin saber si era por una noche o... Ou quoi? Plusieurs? Deux semaines pour Noël, et trois pour l'été chaque an... ça fait 35 semaines pendant 7 ans. Je crois c'est pas trop, et malgré ça on a développé une sorte de relation je crois sérieux. Pues yo creo que hemos estado juntos el tiempo que hemos tenido que estar. No me había puesto a pensar seriamente si eran 10 ó 30 semanas en los últimos 7 años. Las cosas se han acomodado de esta forma y lo pasamos bien, ¿no es cierto? Oui, c'est bien, mais cet que je veux dire, c'est que moi j'aimerais s'on reste ensemble après ce voyage. Ça m'est égal si c'est à Mexico ou à Lyon. Je t'aime, j'crois tu m'aimes aussi, et je sens on est près pour penser à quelque chose ensembles. ¡Wow! Si te soy honesto no sé qué decir...quizá porque no esperaba escuchar algo así. Es algo que si ha pasado por mi cabeza Etienne, no quiero que vayas a mal interpretarme, pero no sé, por alguna razón que no he terminado de dilucidar siento que no debemos. No es que no sienta nada por ti, si siento, pero pareciera que o no siento lo suficiente, o no sé qué se siente, o simplemente hay todavía alguna traba, pero no me veo dando ese paso. C'est la peur. C'est normal. Moi je sens qu'il y a quelques choses que nos vies manquent quand on est séparés. Mais, cet qui nous manque tous seuls, est rempli quand nous sommes ensembles. Si, lo pasamos maravilloso juntos, y créeme que sea en Francia o en México o aquí, el tiempo que hemos compartido se encuentra entre mis cosas más preciadas. Pero...no sé, no es miedo Etienne. Es algo más. Y no le encuentro el nombre. Ça me fera vraiment mal si tu refuses, mais je peux pas t'obliger. Donc? Es un no Etienne. Y ahora en este mismo instante siento que quizá me arrepienta un día. Pero en tanto que solo es un quizá y no una certeza, es un no. Ben, moi aussi, j'espère qu'on ne regrette pas, les deux. Moi je préfère si nous arrêtons de nous écrire, et de nous voir. Je devrai remplir mes propres vides, et je préfère d'en faire tout seul. De acuerdo Etienne - contesté con los ojos llenos de lágrimas- espero que los dos encontremos las respuestas que nos faltan.

Regresamos en silencio al hotel. Yo dormí muy mal. Etienne pasó más de media noche en vela. Escribiendo en su lap. A la mañana siguiente debíamos tomar el vuelo en Varanasi que nos llevaría a Delhi y de ahí, él volaría a Paris y yo a Nueva York, para conectar cada quien a sus destinos finales. Me levanté, y aún sabiendo que podría hacérsenos tarde y perder el vuelo, no levanté a Etienne, pensé en dejarle dormir un poco más en lo que salía de bañarme. Cuando salí, él no estaba en el cuarto. Me vestí, terminé de empacar mis cosas, y empaqué lo poco que él había dejado fuera. En eso estaba cuando regresó con un ramo de claveles naranjas, como los que habíamos visto por toda India, en la mano. J'y reste. J'ai déjà fait tous les démarches. Toi? Si t'en veux aussi, t'es au temps. No, yo regreso Etienne. Yo ni contigo, ni sin ti podría quedarme aquí así nomás...pero bravo, y lo digo de corazón, me siento muy orgulloso de que lo hagas. Los ojos se me llenaron de lágrimas y sentí unas ganas terribles de abrazarle. No sé cómo te vaya a ir, pero qué chingón tener esos huevos Etienne - le dije, la voz cortada ya-. Él me extendió el ramo. Mientras acá simbolizan la alegría, ¿sabías que en México estas flores, o unas muy muy iguales, son para los muertos? ¡Qué irónico Etienne! -le dije tratando de esbozar una sonrisa-. Au revoir mon petit, je t'aime -me dijo, al tiempo que me abrazaba-. Adiós mi luz - murmuré a su oído, sabiendo que regresaría con las respuestas que buscaba- . El teléfono terminó con el momento. Mi taxi, que Etienne había pedido desde que salió, había llegado.

"The only thing that you keep changin' is your name, my love keeps growin' still the same, just like a cancer, and you won't give me a straight answer!" (Arcade Fire)

martes, septiembre 08, 2009

Camposanto

"Siempre que te pregunto, que cómo, cuándo y dónde. Tú siempre me respondes, quizás, quizás, quizás..." (O. Farrés)

Si, estoy medio loco. ¿Pero quién no lo está un poco? Estamos casi en el 2010, en uno de los más surrealistas países del orbe y para colmo metidos en un pueblo que parece sacado de un comic del oeste de los años 60. ¡Cómo chingados no voy a estar cada día un poco más pirado! Aunque lo más loco de este asunto es que esté escribiendo esto y que pretenda además que una paloma mensajera lo lleve hasta ti. De hacerlo en papel, no cabría duda que la carta sería más grande que la paloma. Pero como esto es el postmodernismo, por supuesto que la paloma no tendrá que cargar más que mi micro USB D&G con el archivo word, hasta ti. Ya ves, soy pequeño, de eso ya no te cabra duda supongo, que mi genética y la estatura parecen no haberse nunca conocido, pero tengo mis alcances, bastante altos a veces. Así que espero que los picotazos de las últimas 4 semanas entrenando a la paloma valgan la pena y rindan frutos. Y es que no sabes tú qué salvajes se han vuelto las palomas hoy en día. Yo creo que ha de ser por tantos conservadores que comen y tanta comida trasgénica, o el calentamiento global. Muy probablemente una mezcla de todas las anteriores. El caso es que me ha tomado algo de tiempo primero darme cuenta que eso no era un águila gorda, sino una paloma súper desarrollada, y segundo pues hacerle entender que aunque estemos en el 2010 las palomas no tienen libre albedrío y deben obedecer por un poco de maíz palomero a los humanos.

En fin, ¿en qué iba? Es que me lío, ya ves el déficit de atención. Que entre que el asunto es complicado y entre que pasan mil cosas por mi mente al tiempo. Pues me voy con una y con otra. Si, ya sabes, además de pequeño, soy distraído. Pero de una distracción patológica. Espero nunca te me ofendas si olvido algunas fechas, o hechos. Es que simplemente no puedo controlarlo. Dicen que debería medicarme, tú sabes para mejorar mi retención, mi memoria. Sin embargo, yo desde que vi que a Marisa Paredes en La Flor de mi Secreto, las pastillas para la memoria la ponían cachonda como una perra, pues les tengo mucho respeto y prefiero no tomarlas. Porque si de por si a uno le gusta el asunto de la cama, ahora empastillado, vamos que te voy a dejar seco. Y lo último que quiero es que te me acabes. Y es que, el sexo es tan rico. ¿A poco no? Vamos, no hay tampoco que ser puritanos ni dárnoslas de muy espirituales y profundos y dejar al pobre sexo en segundo plano como algo mundano, sucio y de menor importancia. Al contrario, el sexo cuando se practica con alguien a quien quieres es simplemente sublime. Sigue siendo placer, pero combinado con entrega y con confianza y con un acto de compartir lo más importante que tenemos que son nuestros cuerpos y nuestras emociones. Bueno, pero que es cosa de dos, tampoco te me vayas a sentir ya desde ahora comprometido a que 10 veces por noche. Que lo último que quiero es espantarte. Además yo respeto mucho.

Total, ¡cómo hemos llegado ya hasta la cama! No, si hay que ver. Que no más te pienso y me tiras de la lengua hijo. Que yo te escribía todo esto para otro asunto completamente distinto. Te has de estar riendo de cómo me he trabao y escribo tanta cosa rara, ¿verdad? Si, ya sé, que la madurez tampoco es uno de mis fuertes. O más bien la seriedad. Por que maduro si soy creo, vamos desde el momento en que sé en qué flaqueo y que conozco la manera de arreglarlo o asumo la consecuencia de no. Pero la seriedad. Es que no más no se me da andar ahí por la vida con la cara apretada. Vamos, que un poquito tomarse la vida como si de andar de marcha se tratara, no hace daño. Si ya sé, que es que yo a veces hasta en medio de la desgracia ando buscando el lado positivo o el chusco ya aunque sea. Pero vamos, que si ya las cosas se han jodido, qué gana uno con lamentarse como una virgen. ¿Ves? Que si sumamos esfuerzos y nos seguimos la onda, lo podemos pasar bomba. Yo creo que por eso ha de ser que alucino tanto las corbatas. Y es que no dudo que se vean monas, pero le dan a uno un aire tan de persona decente, tan de persona seria, que son de asustar. Si ya la vida se encarga de carcajearse de los humanos a cada momento como para que nosotros pongamos caras largas. Mejor nos reímos también, de nosotros y de la vida. ¿No lo crees? Que es mejor reírse con alguien a que se rían de ti. Es mejor jugarle las bromas a la vida y amanecer un día en el último lugar que jamás te hubieras imaginado, pero por decisión propia y tras una noche de carcajadas y diversión, a que la vida te las juegue y descubras con espanto un día que despertaste en un sitio que ni idea... Vamos, que hay que divertirse, ¿no crees?

Bueno, y otra vez parece que me he desviado del tema ¿eh? Espera, deja le doy una mordidita al tiramisú y retomo. Si, ya sé, ya sé que piensas que soy una máquina de comer. Hijo, pero es que la buena cocina cómo me mola. No te preocupes que no te me voy a poner gordito, ni tú a mí. Que la salud por delante. Claro, eso no implica que a uno no le guste la buena mesa. Nada que suficiente ejercicio no compense. Además, la buena mesa no tiene porque ser hipercalórica. ¿No lo crees? Y es que ir descubriendo cualquier sitio o hasta a una persona por sus sabores y aromas, es delicioso. Bueno, que aunque tú lo odies yo ya te he dicho muchas veces que me vuelve loco cómo combina tu aroma con la loción que te untes, la que sea... Si ya sé, que tu odias que te diga eso, porque menciono la palabra tu aroma y piensas en el que tiene mucha gente por acá después de ocho horas haciendo trabajos pesados al rayo del sol, pero no, no... El tuyo es una mezcla que transporta, de verdad, será que la atracción no solamente es espiritual, ni mental, también tiene su buen componente biológico por supuesto.

¡Leche! ¡Pero que nunca voy a llegar al punto! Bueno, ya te has dado cuenta, soy de pequeña estatura pero grandes alcances, llevo fuego en la sangre y la entrega para mi es catártica, es física y mental, o sea total, los aromas y los sabores me molan, estoy un poco pirao (o quizá un mucho), y definitivo de amargado nada, tu sabes como un niño grande. Joder, que la combinación no suena muy tentadora ¿verdad? Que pareciera que Peter Pan está tratando de conquistarte. Y eso de vivir en el país de 'Nunca Jamás' no suena a mucha estabilidad ¿verdad? Pero que si, que si que es estable y además muy divertido y enriquecedor. Además es 'Nunca Jamás' pero para siempre, bueno, vamos que mientras queramos. ¡Hostias! Que creo que ya me he liado todo.

Tío, lo que estoy tratando de decirte es que aquí me tienes. Que si, te quiero, y mira que como buen niño tengo mi dosis de egoísmo y no es siempre fácil decir estas cosas y menos públicamente. Que estoy contigo, que me ilusionas. Que veo en ti a alguien por quien vale la pena hacer toda clase de locuras. Que creo que podríamos formar un gran equipo. Si, si, que ya sé, que seguramente requieres tu tiempo, que sé de dónde vienes, si. Y aquí estoy al pie del cañón. Que yo no me voy tío. Al menos no tan fácilmente. Que si me das la mano, no voy a soltártela. Que gracias por compartir conmigo todo este proceso de deliberación. Que es un honor. Vamos, que si me das la mano, yo no he de soltártela. ¡Ala! Que tampoco te vayas a pensar que estoy presionando ¿eh? No, no, tú así ni te sientas, que es lo último que busco. Tú, tu tiempo, el que requieras. Claro, claro que si puedes adelantar la parte de si soy un buen tío o no, adelántala, tienes mi palabra que lo soy y lo voy a ser. Jeje. :)

Anda, que lo he dicho ya. Que te miro y que se me enchina el cuero. Que te miro y que me digo, joooder este niño vale su peso en oro, por favor no lo dejes ir, con calma, no lo jodas todo, dale su espacio, y al tiempo claros y honestos, y vamos todas esas cosas que te pasan por la mente y que de la noche a la mañana te transforman de viejo lobo de mar a gran inseguro, pero que son todas con buena lid, por una buena causa.
Si, si, que ya me callo, que no me para la boca, te lo digo, te lo digo, que me tiras de la lengua! Hombre, pero que te lo tenía que decir, que no tiene nada de malo supongo.

Un beso.

"Y así pasan los días y yo desesperando y tú, tú contestando quizá, quizá, quizá..." (O. Farrés)