"You paint yourself white. And fill up with noise. But there'll be something missing..."(Radiohead)
¡Dónde está tú hermano! ¡Dónde está tú hermano! Fue lo último que alcancé a escuchar. Su voz más histérica que nunca se fue perdiendo con un efecto de sonido que pareciera que alguien hubiera tomado su grito, échadolo en el wat
er y bajado la palanca. Lo primero que pensé fue que ahora si estábamos metidos en un pedo. Mi hermana, para salvar su pellejo, seguramente llorará al tiempo que dirá no saber nada. Que estábamos jugando junto al río y de repente yo ya no estaba. Mi madre la tomará de los hombros y la sacudirá. Le apretará tanto que seguro le va a dejar las uñas marcadas, con algo de sangre y el pellejito levantado. Después saldrá corriendo a la orilla del río, hecha una loca. Llorando y gritando, siempre llorando y gritando. Mi hermana detrás, sólo llorando. Y yo, tranquilo, si, seguro también me regañará, pero tengo déficit de atención, para cuando ella llegue a la orilla del río, a tan solo unos metros de donde acampábamos, yo ya estaré entretenido en cualquier cosa que me tope por acá abajo. No volveré a saber de regaños hasta que esté en la superficie cuando luego de comprobar que esté bien, me dé mi buena cachetada por haberle asustado tanto.
er y bajado la palanca. Lo primero que pensé fue que ahora si estábamos metidos en un pedo. Mi hermana, para salvar su pellejo, seguramente llorará al tiempo que dirá no saber nada. Que estábamos jugando junto al río y de repente yo ya no estaba. Mi madre la tomará de los hombros y la sacudirá. Le apretará tanto que seguro le va a dejar las uñas marcadas, con algo de sangre y el pellejito levantado. Después saldrá corriendo a la orilla del río, hecha una loca. Llorando y gritando, siempre llorando y gritando. Mi hermana detrás, sólo llorando. Y yo, tranquilo, si, seguro también me regañará, pero tengo déficit de atención, para cuando ella llegue a la orilla del río, a tan solo unos metros de donde acampábamos, yo ya estaré entretenido en cualquier cosa que me tope por acá abajo. No volveré a saber de regaños hasta que esté en la superficie cuando luego de comprobar que esté bien, me dé mi buena cachetada por haberle asustado tanto. Y es que, ¿quién no se ha perdido de tanto en tanto en las formas del agua? La corriente provoca remolinos y burbujas que se estrellan contra las rocas o forman pequeñas olas. No cuesta nada ver claramente los pliegues, las capas de agua curveándose o elevándose, las burbujas formarse y desaparecer en las más turbulentas coreografías. ¿Será increible ser una burbuja? Se ven tan hermosas y se mueven tan lindo. A penas se han formado y no puedo resistir las ganas de estirar la mano y tratar de atrapar alguna. Y quedarme mucho tiempo observándola. Reflejándome en ella. Viendo como distorsiona mi rostro, y luego volverla a soltar y verla danzar al capricho de las ondas de agua. Si, por todo eso son hermosas las burbujas. ¡Lástima que duren tan poquito! A penas se han formado, a penas voy estirando la mano y explotan en medio de la corriente. En tan sólo unos segundos, donde decenas de ellas danzaban, no queda nada. Hay que estar entonces una vez más alerta para descubrir a tiempo el rincón donde vuelvan a formarse. Y volver a quedar hipnotizado por tan poco tiempo que con trabajo me daré cuenta. No, no creo que sea tan lindo ser burbuja. No vale la pena pagar por la belleza la efimeridad.
"Wakey wakey. Rise and shine. It's on again, off again, on again. Watch me fall. Like dominoes. In pretty patterns." (Radiohead)
Podría ser también roca o planta. Las hay también por todo el lecho del río. Y tienen, como las burbujas, la capacidad de robar mi atención sin requerir de mucho. Las rocas, que en la superficie eran de un gris casi blanco, acá debajo se han tornado casi negras. ¡Y brillan! No se mueven, nada, quizá las más pequeñas lo hagan, pero de la existencia de esas ni siquiera me doy cuenta. No, son las grandes las que parecen llamarme. Forman barreras, el agua choca contra ellas y forma hilos, se bifurca, como una avenida transitada por cientos de autos a toda velocidad que de repente se d
ividiera en dos. Y justo en medio, en el punto, en el vértice, donde los caminos se separan, todo es calma. ¿Nadie lo ha notado? El agua corre a toda velocidad, rompe las burbujas, juega con las plantas, y choca con las rocas. Pero no rebota, no se forma un caos, un hervidero de partículas mientras el agua encuentra otro camino, no, la corriente se divide en dos para rodear la roca arrastrándolo todo por la izquierda o la derecha; no obstante, justo en ese punto de quiebre hay una pequeña distancia entre la corriente y la roca donde todo es calmo. Es mucho el tiempo que podría quedar contemplando ese punto, embelesado por esa pequeña zona de paz. ¿Cómo será estar ahí dentro? Seguro se respira la mayor de las tranquilidades. Seguro se respira la mayor de las tristezas. Ha de ser como si un día encontraras una ventana en medio de todo el caos y escaparas por ella y llegaras a ese valle en medio de las montañas donde no se escucha nada, sólo se respira el olor a humedad y a hierba joven. Y seguramente al principio se nos dibujaría en la cara una gran sonrisa. Sin embargo, bien pronto nos daríamos cuenta que nuestro oasis de tranquilidad es también una jaula. Una cámara de tortura, donde uno muere de ascetismo. Si fuera una pequeña gota y quedara atrapada en ese espacio entre la corriente y la roca, bien pronto tendría ganas de reventar.
ividiera en dos. Y justo en medio, en el punto, en el vértice, donde los caminos se separan, todo es calma. ¿Nadie lo ha notado? El agua corre a toda velocidad, rompe las burbujas, juega con las plantas, y choca con las rocas. Pero no rebota, no se forma un caos, un hervidero de partículas mientras el agua encuentra otro camino, no, la corriente se divide en dos para rodear la roca arrastrándolo todo por la izquierda o la derecha; no obstante, justo en ese punto de quiebre hay una pequeña distancia entre la corriente y la roca donde todo es calmo. Es mucho el tiempo que podría quedar contemplando ese punto, embelesado por esa pequeña zona de paz. ¿Cómo será estar ahí dentro? Seguro se respira la mayor de las tranquilidades. Seguro se respira la mayor de las tristezas. Ha de ser como si un día encontraras una ventana en medio de todo el caos y escaparas por ella y llegaras a ese valle en medio de las montañas donde no se escucha nada, sólo se respira el olor a humedad y a hierba joven. Y seguramente al principio se nos dibujaría en la cara una gran sonrisa. Sin embargo, bien pronto nos daríamos cuenta que nuestro oasis de tranquilidad es también una jaula. Una cámara de tortura, donde uno muere de ascetismo. Si fuera una pequeña gota y quedara atrapada en ese espacio entre la corriente y la roca, bien pronto tendría ganas de reventar. Las plantas tienen también lo suyo, siempre moviéndose, siempre agitadas por el fluir del río. Me pregunto si habrá algún punto donde la corriente sea tan débil que no las alcance a mover. O que el movimiento sea a penas perceptible. Y, cuando la corriente ha cesado, cuando dejo de moverme como un amante drogado entre sus brazos, el cuadro se vuelve mucho más delicado. Las plantas, las bases totalmente quietas, de un verde oscuro, aterrado. Bien sujetas al piso, gruesas. Las puntas por otra parte se disparan a la superficie. Adelgazándose cada vez más. Decolorándose, ¿o será un efecto de la luz? Van del verde oscuro de la base a un verde claro, con tonalidades amarillentas en las puntas. Las puntas son más danzarinas, se mueven todas al unísono creando una coreografía perfecta en conjunto con los rayos de luz. Las plantas serían poca cosa si no formaran ese equipo. Las plantas y los rayos de luz bailan el más perfecto de los valses. Es imposible no contemplar el número. Un ligero movimiento lo oscurece todo, y después poco a poco, como si fuesen las teclas de un piano, cada punta se va moviendo permitiendo que la luz entre en pequeños disparos, para, finalmente, todas correr en dirección opuesta a donde estaban y dejar los rayos colarse completos. Desde afuera, desde el cielo, hasta el fondo lodoso del río. ¡Son impresionantes! Y es entonces cuando reparo en que en todo el trayecto no había visto peces. Ellos no viven donde las poderosas corrientes. Ellos están acá, salen tímidos de entre el lodo y las rocas y se colocan rápidamente bajo los rayos de luz, juegan también con ellos. En realidad muy probablemente se estén quitando el frío. El agua es helada.
"This is my way of saying goodbye. Because I can't do it face to face. So I'm talking to you before it's too late." (Radiohead)
Y ya no sé si quiero ser burbuja, o roca o planta o pez, cuando unos brazos me arrastran fuera del río. Mi madre al borde de un ataque de nervios se arrodilla al lado mío. Mi hermana llora más atrás. No dudo que le duela lo que ha hecho, pero no le dirá jamás a mamá que ha sido ella quien me ha arrojado al río. Y mucho
menos que no lo ha hecho jugando, que lo tenía premeditado hacía tiempo, lo supe en el preciso instante en que me dijo que me asomara, que confiara en ella, que no me soltaría. Me lo decía al tanto que actuaba la más candorosa de las miradas, traicionada por la más fría de las sonrisas. Mamá jamás sospecharía de ella. La ha parido como a mí. Su hija sería incapaz de matar a su hermano. La veo a intervalos, a mamá, cuando el hombre que presiona en estudiadísimos compases sobre mi pecho se retira unos segundos para luego recomenzar. Busca mi mirada, como si algo en ella le indicara que debe encontrarla para poder retenerme. Como si el instinto le dictara que debe encontrar mi mirada para cobijarme con la suya, para hacerme sentir que vale la pena quedarme acá, en la superficie. Y, cuando el hombre se ha cansado de presionar, cuando todo le indica que mi pecho no es ya otra cosa sino agua y se hace a un lado, quedo cara a cara con mamá. Sus ojos me buscan, anhelantes. Con sendas lágrimas a punto de caer. La miro, le regalo una mirada y cuando las lágrimas comienzan a mojar toda su cara, me despido. No quiero estar acá mamá, trato de decirle con los ojos. No hay porque estar tristes que he hecho muchos amigos, con quienes estaré. Cuando quieras, puedes venir a verme, acá, al río. Y si sumerges la cara y te fijas detenidamente, hasta puede que nos encontremos. Estaré jugando con los peces en ese remanso donde las plantas bailan con los rayos de sol. Ella cerró entonces mis párpados, y yo regresé feliz al agua.
menos que no lo ha hecho jugando, que lo tenía premeditado hacía tiempo, lo supe en el preciso instante en que me dijo que me asomara, que confiara en ella, que no me soltaría. Me lo decía al tanto que actuaba la más candorosa de las miradas, traicionada por la más fría de las sonrisas. Mamá jamás sospecharía de ella. La ha parido como a mí. Su hija sería incapaz de matar a su hermano. La veo a intervalos, a mamá, cuando el hombre que presiona en estudiadísimos compases sobre mi pecho se retira unos segundos para luego recomenzar. Busca mi mirada, como si algo en ella le indicara que debe encontrarla para poder retenerme. Como si el instinto le dictara que debe encontrar mi mirada para cobijarme con la suya, para hacerme sentir que vale la pena quedarme acá, en la superficie. Y, cuando el hombre se ha cansado de presionar, cuando todo le indica que mi pecho no es ya otra cosa sino agua y se hace a un lado, quedo cara a cara con mamá. Sus ojos me buscan, anhelantes. Con sendas lágrimas a punto de caer. La miro, le regalo una mirada y cuando las lágrimas comienzan a mojar toda su cara, me despido. No quiero estar acá mamá, trato de decirle con los ojos. No hay porque estar tristes que he hecho muchos amigos, con quienes estaré. Cuando quieras, puedes venir a verme, acá, al río. Y si sumerges la cara y te fijas detenidamente, hasta puede que nos encontremos. Estaré jugando con los peces en ese remanso donde las plantas bailan con los rayos de sol. Ella cerró entonces mis párpados, y yo regresé feliz al agua. "Now that you've found it, it's gone.Now that you feel it, you don't. You've gone off the rails..." (Radiohead)





Sin saber cuánto tiempo pasó, ni en qué momento decidimos continuar, pronto estuvimos caminando entre pequeñas calles. Fuera del mundo de gente, de los mil ruidos. Habíamos intencionalmente escogido ese hotel, que según las guías se encontraba fuera del ajetreo, lejos de las orillas del río y de los mil templos. Tu sais -me dijo Etienne ya en el silencio de las pequeñas calles- la fleuve, quand je l'ai vue, je me suis perdu. Comme si de la hypnose s'agissait. J'ai senti la paix, et l'espoir, mais aussi la peur, je ne sais pas pourquoi. Si -le contesté- te entiendo rey. Me ha pasado algo similar, me sentía sobrecogido, sin palabras, pero lo curioso ha sido que no era una sola sensación, sino que pasé al igual que tú de una cierta idiotez, al amor, y de ahí al gusto de estar acá y luego al miedo, para finalmente quedarme con la duda de qué era todo esto. Etienne sólo me miró con cierta complicidad, y con mucho cariño. Yo, le devolví la mirada que pude. Estábamos en la entrada de nuestro pequeño hostal y agotados por el viaje. Tras tomar una ducha juntos, nos tiramos en la cama y dormimos como no habíamos dormido toda la noche. Al río iríamos por la tarde, después de comer, a ver cómo moría el sol en sus aguas.
Despertamos cercanas las dos de la tarde, mucho más descansados y con hambre. El calor era sofocante así que decidí tomar otro baño. Etienne apoyó la moción y entramos una vez más juntos a la ducha que terminó en besos y abrazos que nos fueron llevando hasta la cama donde, así mojados, hicimos el amor como si quisiéramos demostrarnos lo mucho que nos queríamos más que nunca...o como si estuviéramos haciéndolo por última vez. Después de aquello hubimos de regresar a la ducha antes de salir a la calle a buscar algo de comer. Tu sais comment je t'aime, n'est-ce pas mon petit? -me dijo Etienne al salir del cuarto mientras me clavaba la mirada-. Lo sé -le contesté- yo también te quiero mucho rey. Comimos en un pequeño restaurante, cerca de la orilla del Ganges. Platicamos de los 25 días que llevábamos de viaje, de lo bien que nos habían tratado los chicos en Delhi y de lo asombrosamente cosmopolita que nos había parecido Mumbai. Coincidimos en que había sido una excelente idea visitar India juntos y romper un poco la rutina de los últimos 7 años. Que consistía en vernos en invierno en Francia, a donde yo llegaba en busca de un poco de nieve y ausencia de las hordas de turistas que invaden Europa durante el verano. Pasábamos un par de días en casa de Etienne en Lyon, y luego nos movíamos a visitar algún otro lugar, antes de que emprendiera yo el regreso. En verano era el turno de Etienne, que huyendo de la gente y el clima en Europa, llegaba conmigo a México para escaparnos a alguna playa o algún pueblito en las montañas. Desde que nos conocimos, hacía 7 años, habíamos manejado así nuestra 'relación', el resto del año vivíamos de video llamadas y correos. En dos ocasiones anteriores (durante el primer y segundo verano juntos) no habíamos estado ni en México ni en Francia. Lo pasamos en Brasil y en Australia. Los dos recordábamos esos viajes como lunas de miel. Y, tras cinco años, que nos habían llevado a mucho y a nada, estábamos ahora los dos cerrando nuestro viaje a India. Cada quien armó su ruta ideal, y la discutimos un día por skype para armar algo que cubriera los intereses de los dos. Ambos incluimos Varanasi, y los dos la dejamos para el final. Terminamos de comer y nos encaminamos hacia el Ganges, recorreríamos los principales ghats, para luego tomar un bote y dejarnos envolver por la noche sobre sus aguas. 




