"Ya no me divierto pienso algunos días y al otro día no hay sol que me acueste. Me echo a corré buscando no se qué, pensando que tal vez es posible reponerse y mientras Busco-me busco..." (Bebe)
No era para na
da una persona mayor, rebasaba a penas los 30 años. La mejor edad para muchos, en completo control de tu vida, sin inmadureces, y sin achaques aún. Cuando aún tienes todo por delante. Y así, con toda la vida por delante sucedió que un día le dieron la noticia que ya imaginaba, que ya esperaba hacía tiempo. Lo había soñado tantas veces, imaginado tantas otras, que para cuando sus sueños se hicieron realidad no hubo dramas, como en tantos de sus sueños había habido. No se jaló los cabellos hasta arrancárselos como a veces había imaginado, ni salió por las calles a gritar que por qué a él precisamente, que aún tenía tanto por hacer. Nada, recibió la noticia con una naturalidad tal que el que se quedó helado fue el médico. Un tumor cerebral, incrustado de tal forma en su cabeza, que era imposible operarle. Un tumor cerebral que además, iría creciendo de a poco hasta terminar con su vida. ¿Cuándo? Era una moneda al aire, los tumores son caprichosos, le dijeron, podrían ser sólo unos meses, o un par de años quizá. Dependía todo de la dieta, los hábitos, las costumbres, los cuidados, algo de medicación, el ejercicio, etc. Escuchó pacientemente al doctor, le confirmó que estaba bien, que no deseaba por el momento informar a nadie. No quería que la gente lo tratara de manera distinta. Le informó también que no se sometería a ningún tratamiento dadas las escasas probabilidades de que algo funcionara. Remató agradeciendo por todas las indicaciones, las recomendaciones y prohibiciones, pero no seguiría de la dieta y sugerencias más que únicamente aquellas cosas que no le costaran trabajo. Si de cualquier forma iba a morir, como todo mundo, lo haría haciendo las cosas que le gustan, especificó. Así que de entrada ni el alcohol, ni el tabaco quedarían fuera de su vida. Se despidió tranquilamente, una tranquilidad que sintió dejaba a su médico bastante intranquilo, y prometió ponerse en contacto si es que optaba por seguir algún tipo de tratamiento, de medicación.
A penas salió a la calle y aspiró profundamente todo el aire que pudo. Aspiró hasta quedar totalmente saciado de aire, hasta sentir cada uno de sus aromas. No todos agradables considerando que estaba en medio de la ciudad. Había aún luz de día; no obstante, el aire estaba ya fresco, anunciaba la que sería seguramente una de las primeras noches frías del otoño. La sensación de frescura, de frío recorriéndole la nariz, luego la garganta y hasta el cuello y espalda le devolvió al mundo que había perdido durante un buen rato en el consultorio. Le devolvió a su mundo. Caminó un rato hasta un parque cercano, y tras dar un par de vueltas, envuelto en mil pensamientos, regresó a su auto y condujo a casa. Llegando comenzó a hacer llamadas, las de rigor, las de siempre, era viernes, era día de ir de fiesta a algún sitio, y ese viernes en especial había decidido consentirse.
"Hoy deseo dinamita. Que tengo la sangre apretaíta. Apretaíta pa dártela toa. Si me juegas y te portas te dejaré que me pongas la correa corta. Si no, me doy media vuelta caminando sobre mis botas, que la noche está que se sale. Si no la aprovechas ya te vale..." (Bebe)
Se hizo de un par de botellas, de una cajetilla de cigarros, se bañó y esperó a los amigos. No solamente lucía muy bien, sino que traía un humor como pocas veces. Sonrisas, mimos, cariños, y bromas. Para cuando salieron rumbo al bar traía ya encima suficiente vodka para perder cualquier inhibición y media cajetilla de cigarros.
Para cuando todos se fueron y él decidió quedarse había ya perdido la cuenta de cuánto vodka más había bebido. No obstante, y como siempre, era perfectamente consciente de su peda y de sus actos. Ya había estado sondeando el terreno, intercambiando miradas. Pero nunca se había sentido muy cómodo ligando en frente de los amigos. Quizá algún día deba psicoanalizarme –pensó-. Pues no entendía qué era lo que le evitaba poder hacerlo frente a ellos. Muy pocas veces lo había hecho y esta no era una de ellas. A penas se fueron, la actitud cambió totalmente. Sabía a por quien iba y en cuestión de un par de canciones, estaban ya platicando. Platicaron de cosas triviales, bailaron un rato, se tomaron un trago. Era lindo, y simpático. Al cabo de un tiempo, estaba convencido de que había excedido un tanto sus expectativas, y que llevarle a casa no sería lo único, le dejaría quedarse. Se dejaría despertar junto a él, algo que muy pocas veces hacía. Compartirían quizá incluso el desayuno, según de qué humor amaneciese. Llegaron a su casa entrada la madrugada. Pensó en fumarse un churro a escondidas en el baño, pero al final decidió sacarlo en la sala y ofrecerle, para su sorpresa aceptó. Minutos después, ya bajo los efectos de la marihuana, se besaban. ¿Qué tan seguido haces esto? –le increpó súbitamente- No pudo evitar sentir cierta, muy ligera, molestia por la pregunta en medio del jugueteo. No muchas más veces de lo que lo haces tú –le contestó-. Yo, esto casi nunca lo he hecho –le contestó tras emitir una sonrisa casi imperceptible ante la respuesta recibida- pero tú no me vengas, tienes cara de haberlo hecho mucho más. ¿Tengo cara? ¿Cómo es la cara de alguien que lo ha hecho mucho más? Los dos llegamos aquí con la misma facilidad, y con lo mismo en mente, ¿por qué no mejor lo disfrutamos y ya? Le contestó, y sin esperar ninguna respuesta comenzó a besarle de nuevo. Sin embargo, no pudo evitar pensar que le fascinaba cómo los corderos reconocen a los leones, y aún así en lugar de salir corriendo se echan a dormir entre sus patas. Le dio cierta sensación de control, de poder, y eso siempre lo había prendido. Poco tiempo después estaban los dos, sin ropa, metidos en la cama. Tras jugar un rato intentó penetrarle. ¿Lo vamos a hacer así, sin condón? –le increparon- Le cagaban esos comentarios porque nunca sabía exactamente qué contestar. Qué decir para obtener lo que quería y no mentir al mismo tiempo. No tengo condones, ¿qué hacemos entonces? -contestó- Es que sin condones no me late. Ok –le dijo un tanto seco, no hay problema- Él se dio cuenta del tono un poco seco de su voz, y le abrazo, le besó. Por respuesta, él le besó también, y buscó sus ojos para decirle con la mirada que todo estaba bien, que eso podría ser el principio de muchas cosas. La llama volvió entonces a encenderse y en pocos minutos el jugaba peligrosamente de nuevo a penetrarle. Metía los dedos, y poco después la punta. Cuando su compañero sintió que estaba entrando algo más que la punta le detuvo. Puede ser peligroso –le dijo- a penas nos conocemos. No te preocupes rey –le contestó- sólo estamos jugando, no vamos a hacer nada. Y le abrazó, y buscó nuevamente sus ojos. La llama se encendía todavía más, y sin saber cuándo, estaba ya completamente dentro haciéndole el amor. No hubo ya un solo intento por detenerle, salvo un ‘no te vayas a venir dentro’, que fue meramente dicho por no dejar, pues ambos siguieron adelante y estallaron juntos, por supuesto con él dentro. Al terminar se echaron a dormir, abrazados al principio. No se dijo nada más, le gustó que así fuera.
Despertó primero, siempre lo hacía, no era de los que gustaba de quedarse horas en la cama. Se levantó, se lavó la cara y los dientes, y el ruido seguramente despertó a su compañero. ¿Qué hora es? –le preguntaron- Temprano seguramente, pero soy malísimo para quedarme en la cama rey, pero descansa, iré a por algo de desayunar. Oye, qué pena, pero cómo me dijiste que te llamabas. Alan, yo tampoco me acuerdo cómo te llamas tú. Fer –le dijo-. Y Alan sonrió, no por Fer, sino porque le había gustado mucho que no se acordaran de los nombres al siguiente día, es más, él ni siquiera estaba seguro de haberle preguntado a Fer su nombre en algún momento la noche anterior. Estaba por girarse para ir a por el desayuno cuando Fer le detuvo. Oye, ¿tú normalmente te cuidas? Si, de muchas cosas, y a otras no les doy tanta importancia –le contestó- Me refiero, a que anoche no nos cuidamos –le dijo Fer-. Anoche estuvo rico, ¿no crees? –le contestó- Si, pero quiero saber si tu normalmente te cuidas, porque esa parte quizá no estuvo bien, podríamos correr riesgo de contagiarnos de algo –dijo Fer-. Podríamos correr el riesgo de contagiarnos de algo distinto todos los días Fer, ahora mismo salir podríamos morir que no vivimos precisamente en el país más seguro del mundo. O podríamos n
o correr riesgos y quedarnos en casa todos los días, haciendo nada de nada y aún así un día podrían diagnosticarnos un tumor mortal y mira de qué nos sirvió no correr riesgos –le contestó con un ligero dejo de sarcasmo-. Fer lo miró un poco, como buscando las mismas miradas que Alan le había regalado la noche anterior, esas que él había visto quizá cargadas de algo más que sexo casual. Tras unos segundos, atinó a decir: Si tienes razón pero… Alan le interrumpió: No tienes nada de qué preocuparte Fer, no hay por qué estar inquieto, si es esa la respuesta que buscabas. Ahora, ¿te va si te vistes y te acompaño a por un taxi? Te dejo y de ahí voy a por el desayuno. Fer se sintió algo turbado, inseguro, ciertamente dudaba un poco si había hecho bien o no en preguntar. Dudaba también en si debía o no pedir una disculpa. Pero ante la mirada fría y determinada de Alan, no le quedó más remedio, salieron en silencio. Se despidieron a penas paró el primer taxi. Me lo pasé bien, ojalá nos veamos otra vez –le dijo Fer, esperando obtener un teléfono, algo por respuesta- Si, estuvo bien, -contestó Alan-, y nos estamos viendo, seguro. Le sonrió y lo metió en el taxi.
Caminando de regreso a casa su mente voló. Estaba de nuevo en un consultorio médico. Esta vez no era un doctor, ya era hora de que fuese una doctora. Cáncer, en el estómago, tres meses de vida, no más. Nuevamente, su frialdad sorprendió a la doctora que no sabía si su paciente estaba en shock o en completa paz, sin temor a la muerte. Algo raro en una persona tan joven, normalmente tienden a resistirse, la muerte es algo tan lejano, tan ajeno a sus vidas. Alan agradeció por todas sus atenciones a la doctora y con una sonrisa en la boca salió a la calle. Estaba contento, como nunca lo había estado en su vida. Con la noticia se había librado de todo. No le quedaba sino vivir su vida, vivirla sin más, en el presente, el puro presente, le habían quitado el mayor peso que cualquier ser humano puede cargar, el futuro. Del consultorio caminó a un parque cercano, el de siempre, y compró un helado enorme de mamey que le supo a gloria. Sonrió al recordar la cara de la doctora, totalmente contrariada, cuando le dijo que no quería pastillas, ni tratamientos para intentar prolongar su vida, para retrasar lo inevitable, su muerte. Lo inevitable para cualquiera, -pensaba-. Tras el paseo, regresó a casa caminando mientras volvía poco a poco a la realidad. Entrando descolgó el teléfono para contarle a sus amigos con lujo de detalle la noche anterior y quedar para la noche de sábado. Tenía nuevamente ganas de consentirse. De salir de fiesta, de divertirse y brindar con los amigos y terminar quién sabe dónde ni si solo o acompañado. Después de todo, había un solo presente, una sola oportunidad, y a él le encantaba recordárselo de tanto en tanto cuando, caminando, se perdía en oscuros pensamientos con olor a muerte.
"Empieza mi viaje en la carretera. Por fin camino sola, en mi casita con ruedas. El tiempo será pa mi lo que yo quiera que sea. Nunca un nudo, nunca un muro. Sólo lo que yo quiera." (Bebe)
6 comentarios:
No puedo negar que me encanta tu estilo!!!!! Muy buena historia y me llegó en el mejor momento...
Saludos!
me recordaste en mi infancia cuando tuve leucemia linfoide aguda, y las quimios alteraban mi disestencia, yo era feliz viendo los colores que se me aparecian cuando el parato que me rodeaba todo el cuerpo funcionaba... y ellas ahii como burbujas y a veces de algodones aparecian todas juguetonas, dando vueltas y aveces re-botando entre el silencio y el vacio de aquel cuarto que durante 3 años me contuvo, es como si mi propio cuerpo me diseñara el juguete para entretenerme y no fijarme de aquella enfermedad, es como las sonaja o las estrellas que les ponen a los bebes en su cuna para dormirse.
pero es tan cierto, Tan solo un presente tenemos. :) saludos!.
Simplemente lo ameeeeee, me encantó, espero no te moleste que haya guardado una copia...
Me recordó un poco el estilo de los cuentos Alejo Carpentier: historias aparentemente simples, pero con mensajes profundos y contundentes.
Nada más cierto y real que la eternidad del instante... lo único que tenemos y en lo que podemos confiar...
Mi querido Muegano!:
Pues, sí la vida es una y hay que vivirla lo mejor que se pueda.
El presente es uno y la juventud también.
Y lo más importante!: Nadie tiene la vida comprada!.
Un abrazo a la distancia!.
Lo amé
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