lunes, octubre 25, 2010

He querido decir

"Ven, oh noche y apágame. Ven, y ahógame en ti, en ti. Oh seductora del más allá. Señora del luto infinito, infinito." (Fernando Pessoa)

Me miro en el espejo largo tiempo pero sin mirar a detalle. Me miro en al espejo y me veo tratando de sonreir o de llorar, tratando. Me miro en el espejo y no veo otra cosa que un hombre tratando de suicidarse.

Salgo del baño y tomo el control de mi vida, planeo la lista del supermercado, el menú, luego cocinar, después cine, una siesta y a alistarse para salir en la noche con toda la intención de acostarme con alguien. Tengo todo lo que quiero -pienso- y soy todo lo que necesito, soy feliz. El teléfono suena un par de veces, miro quien llama y decido que en ese momento esa persona no me aportaría mucho, no me sirve para nada. Lo siento, pero no contesto. Voy a la cocina por un vaso de agua, regreso al vestíbulo. Luego al cuarto, ¿a qué? Regreso al vestíbulo. Así, en calzones, sigo yendo de un lado al otro del apartamento buscando hacer cosas y haciendo nada, buscando.

Consigo en mis idas y venidas no perder más de una hora y finalmente, enfundarme en unos vaqueros y una playera linda. No vaya a ser que en la primer esquina me este esperando el amor de mi vida, o el acostón más guapo del año, ya de jodido. Conduzco hacia el supermercado, al tiempo que en la radio una mujer narra lo buena que es esa película que trata sobre un hombre y su nada fácil búsqueda de la felicidad y el amor, de un hombre que, como muchos -menciona la mujer del radio- tiene que lidiar con la soledad y la rutina hasta que un día alguien toca a su puerta y le cambia la vida. ¿Por qué vivimos todos esperando? -cabilo- Siempre deseando que algo nos cambie la vida, que algo haga que todo mejore y nos coloque una sonrisa eterna en la cara. Yo no espero, qué bueno que he aprendido a entender y reconciliarme con mis deseos, a no permitir que se vayan convirtiendo en frustraciones. Me doy cuenta que tengo la fortuna de haber conseguido cierta paz, cierto equilibrio gracias a que me he ocupado de mí, de comprenderme y de aceptarme, a que he trabajado en mi interior, meditando.

El súper lo de siempre, compro la lista más un par de cosas demás por antojo y regreso a casa a cocinar. Se ha terminado ya prácticamente la mañana. Hace un par de horas que se nos ha ido el medio día. Cómo se va el tiempo -reflexiono- asi se van las vidas también supongo y, ¿qué hacemos con ellas, cómo aprovechamos está única oportunidad? Antes que más pensamientos desequilibrantes me invadan, decido leer un poco y luego sufear por la red en busca de sexo. Quizá deba tener sexo en la tarde y no esperar al club en la noche, para relajar, para no pensar tanto, distrayendo.

"American life. I live the american dream. You are the best thing I've seen. You are not just a dream" (Madonna)

La red es lo de siempre, un sin fin de perfiles que ofrecen la más variada mercancía en apariencia, pero toda exactamente igual en sustancia. Pierdo un buen rato viendo cada perfil con la bana esperanza de encontrar alguno que diga algo distinto, algo que me mueva y me haga desear al instante, vibrar. No hay nada, todo es lo mismo. Así que elijo entonces algunos, los que físicamente me atraen más e inicio la cacería. Vamos, que si no va a haber sustancia, al menos que haya atracción. En aglún momento pienso que quizá debería hablarle a Javi, después de todo me atrae. Recordar cuántas veces me ha dicho que me quiere cuando a penas me conoce, me hace desistir. Sería un tanto como utilizarle, no sería justo. Cómo puedes sentir que quieres a alguien a quien has visto cuatro veces en tu vida, qué pueriles podemos ser a veces, qué impulsivos o qué necesitados que es peor. Ya aprenderá que las cosas no son así -me digo- es muy chico todavía. Mientras, contesto un mensaje en la pantalla de la laptop, parece que un pez ha picado el anzuelo, ya iba siendo hora. Nos ponemos de acuerdo para que venga a casa. 'A ver qué tal sale esta vez', es mi último pensamiento antes de decidir poner mi mente en blanco para relajarme un poco, para tener un rato rico, olvidándome.

Poco más de un par de horas después le despido y me baño inmediato. No fue el mejor sexo, pero reanimó. Me hago un trago y salgo rumbo a la fiesta perfectamente vesido. Durante la noche soy todo sonrisas, todo abrazos y efusivas charlas. Bailo, me divierto. Le caigo bien a mucha gente, afortunadamente -pienso-. Bebo un poco demás y me suelto. Lo paso bien, definitivo. Cuando siento que se me está bajando el pedo y con él aparecen los primeros signos de cansancio, me voy a casa. Son las 6a.m. De regreso, me doy cuenta que fui el primero en salir, pues a qué se quedaron todos en el club, qué buscan. Se han terminado esas búsquedas para mi, así estoy perfecto. Estoy perfecto y ciertamente agotado, hasa las 6a.m. ha sido demasiado, he ido un tanto al límite, como para caer como un muerto -pasa por mi mente por último antes de acostarme rendido en la cama-, extenuándome.

"Hermana mayor, virgen triste. Novia que siempre espera, nuestros propósitos incompletos." (Fernando Pessoa)

Cuando despierto se ha ido la mañana ya, me cago de hambre, de sed y me estalla la cabeza. Quiero y no quiero salir. Quiero y no quiero comer. Quiero y no quiero bañarme. El sonido de los peces en el agua me recuerda que hace dos días que no comen. Ni el perro, ni los pájaros, ni he regado en toda la semana el jardín. Me levanto y lo hago con desgana, con flojera. Termino y no quiero nada, no quiero cocinar, sigo negado a salir. Estoy a tiempo de ir al templo al último servicio, pero para qué me hago tonto, mi vida espiritual es una adquisición más, como la ropa o los zapatos lindos. No, no iré... otra vez. Quizá deba sólo descansar, eso funciona, lo sé. No obstante, opto por bañarme. Entro al baño y me miro en el espejo. ¿Qué soy? ¿Hacia dónde me dirijo? Sé que tengo el control de todo, aún de estos pensamientos. Claro que lo tengo, lo tengo bastante más que muchos. Abro entonces decididamente, el cajón donde guardo todos los aditamentos de belleza en el baño. Saco la pistola, esa que no es (aunque pudiera), un aditamento de belleza. La guardo ahi desde hace años, con la mitad de las balas puestas, sólo la mitad. No pienso mucho más, la llevo hasta mi sien y sin titubeos, y viéndome siempre a los ojos en el espejo, jalo el gatillo, viviendo.

"Nuestra pobreza cristiana sin fé. Nuestra torpeza pagana sin alegría. Nuestro budismo sin éxtasis. Nuestra fiebre, nuestra palidez. Nuestra vida, madre, nuestra vida." (Fernando Pessoa)

2 comentarios:

Dídac Muciño dijo...

yo disparo a veces a la monotomia, a las horas que trascurren, siempre dando vueltas y una y otra vez, asfixiandome, aplastandome, muriendo en el pensamiento, y me disparo, y me olvido, me despierto y continuo, sufriendo, no, sufrir es cuando me olvido vivir, es que a veces es tan plano todo, una linea horizontal que no da curvas ni zigzagea, si no continua, se olvida en el transcurso, ahí, ahí mero me digo, mejor me muero y vuelvo a vivir.

Ya extrañaba tus escritos, saludos! :)

Nico dijo...

Nada que decir pues, buen hombre!.
Como siempre me dejas helado y con una gran interrogante que me hará pensar toda la semana.
Muchas gracias por eso!.
Saludos y abrazos a la distancia!.

Ni de jotas, ni de alternativas tiene esto. Ni de ficciones, ni de realidades. Ni de razones, ni de sentimientos. Tan sólo una lucha de contrarios que como todo Más + Menos da nada como resultado.