peatones, calentaban el ambiente. Iba bien vestido, como si de salir se tratara. Pantalón, camisa, un saco negro y zapatos. Si bien le resultaba innegable la delicia de los aromas, no se sentía tentado a detenerse en absolutamente ningún puesto. Si bien, los escaparates de las tiendas, entre los puestos, destellaban a tono de villancicos todavía navideños, no sentía el más mínimo interés por voltear siquiera a verles. Era consciente de todo. Sentía. Sabía perfectamente que seguía vivo precisamente por aquellos aromas que le penetraban de tanto en tanto, o por aquellas luces que periféricamente sentía brillar a su alrededor. Seguía vivo porque de tanto en tanto escuchaba las palabras de algún transeúnte. Porque de vez en cuando movía la cabeza de un lado al otro declinando alguna oferta de nueces o hot cakes, porque más de alguna persona se acercó a él pidiéndole alguna limosna para cualquier tipo de asociación, adicción, causa perdida, asilo u orfanato, y dio las gracias al tiempo que negaba con la cabeza. ¿Las gracias? ¿Por qué habría de dar las gracias? Con un no, ¿no sería más que suficiente? ¿Gracias de qué? Supo por fin que estaba vivo cuando esos pensamientos le asaltaron…
no al ritmo de Kylie y seis u ocho gin tonics después. Le enfadaba lo que observaba, y le enfadaba ser consciente, y le enfadaba que le enfadase. Se metió a bañar, se arregló y salió a la calle. Sin planes, sin rumbos, sin nada en mente. A sabiendas de que, como muchas veces, su cabeza se enfrascaría a lo largo del camino en un diálogo impresionante, que iría destapando la cañería poco a poco, sacando la mierda, poniendo desodorante y dejando todo ‘limpio y perfumado’ de nuevo. O, al menos, si parecía en algún momento un largo rollo sin solución, quedaba la opción de que el celular sonara y recibiera cualquier propuesta, ir a cualquier fiesta, antro, burdel, o a casa de quien fuera, aunque repetido fuera. También podía pasar que ‘sin saber como’ terminará caminando precisamente por aquellas calles donde van todos ellos. Los que se paran a prudente distancia unos de los otros para provocar con las miradas, para tocarse mientras pasas, para pescar. Los que si están solos, los que salen a ver si alguien los termina de pisar porque nada queda ya, los que quizá alberguen esperanzas, pero no lo andan publicando por ningún lado, porque ya se callan esos pensamientos. Porque hasta a eso han dejado de tener derecho, sería ridículo exteriorizar algo que ellos si saben que no va a pasar, porque así no son las cosas, porque así no las hemos construido. Y nuevamente se sintió enfadado con sus pensamientos. ¿Por qué estar pensando nuevamente en esa mierda? ¿Qué caso podía tener, qué podía ganar? Terminó de peinarse y se enfundó el saco. Quitó el poco polvo que tenían sus zapatos limpiándolos con la parte de atrás del pantalón que tenía ya puesto y salió a la calle. Esperando desamparadamente que cualquiera de las cosas que había pensado sucediera. ¿Gracias de qué? ¿Po
r qué le damos las gracias a alguien que se acerca a pedirnos ayuda? ¿No aplicaba más acaso pedirle una disculpa? ‘Lo siento, por el momento no puedo cooperar o lo siento, por el momento no puedo ayudarte’ ¿Pero un ‘no’ casi inaudible y un gracias? Y quedó entonces de nuevo sumido en el total silencio. Sentía, no obstante. Sentía una opresión, un algo, como quien estuviera pidiendo ayuda a gritos. ¡No te calles! ¡No dejes de hablarme! O, alguien hábleme por favor, o que suene el maldito teléfono. Nada, nada de eso atinaba si quiera a decirse, tan sólo se encontraba cada vez más oprimido. Como si, sin faltarle aún, en cualquier momento le fuera a faltar el aire. Como si, sin llorar aún, en cualquier momento fuera a hacerlo. Y nada, no sucedía absolutamente nada. Seguía caminando, y no sentía más que una profunda soledad. No quiso enfilar hacia ninguna dirección, no quiso buscar nada, seguía caminando simplemente. Dejó repentinamente de insistir a su mente, de hacer un esfuerzo porque algo de información empezara a correr y se reanudara el diálogo interno. Estaba sumido en un total silencio. Seguía oliendo, cada vez menos. Seguía escuchando de tanto en tanto algunos ruidos, algunas risas, o algunas palabras sueltas de conversaciones por aquí y por allá. Pero se evaporaban rápido, no le llevaban a nada, no le decían nada. Eran ruido. Un ruido que sabía perfectamente cómo sonaba, pero no qué entrañaba.
Muy pronto no había más gente en las calles, quizá no eran las mismas calles ya. Algunas farolas, algunos locales humeantes donde tres o cuatro personas se agrupaban comiendo sabe qué. Eran olores a grasa, a aceite, refrito. No había más luces en la periferia de sus órbitas y las voces, las palabras sueltas se habían callado totalmente. Tampoco se sentía vivo ya. Era un muerto. Era un algo caminando. Incapaz de conmoverse, incapaz de pensar, incapaz de enojarse, de criticar, incapaz de…ser incapaz. La opresión que venía gestándose en su pecho era lo único que le mantenía consciente de su situación. Nada de lo que esperaba había sucedido, pero no era ni siquiera capaz de reparar en ello. Se detuvo contra un poste, se recargó con un brazo y agachó la cabeza, como si fuera a vomitar. Pero no pasaba nada, miraba el piso de concreto sucio simplemente. Y así, mirando sin mirar el piso, aquello que le oprimía comenzó a ahogarle, era una punzada helada, un hormigueo un calambre, que le dolía, pero no le mataría. Y no p
odía llamar a nadie, no podía hacer nada. Si aún estaba, estaba solo. Sin llorar, aún respirando, aún con el pecho heladamente oprimido ,alzo la vista y unos metros más adelante, perfectamente iluminada por la única farola que funcionaba correctamente en la calle le descubrió. Una pinta, una frase en letras negras sobre una pared blanca. Su atención fue presa inmediata. Leyó. Sentía esa misma opresión ahora casi matarle, respiraba con trabajos… respiraba. Y así, a duras, releyó lo que la pared decía.
‘¿Por qué te viene espantando el amor?’ La frase no resonó en su interior hasta que la hubo leído una tercera vez. La pregunta le inundó. Y, automáticamente, como quien patalea para intentar salir de un remolino en el agua, como contestándole a nadie y a todos los que habían escrito esa frase para él ahí, musitó: ‘No me espanta el amor, me espanta la manera que tengo de vaciarme cuando amo’… Y aquello que con tanta fuerza le oprimía, explotó.
"No me pidas que sea tuyo, porque me quedo sin mí" (GRM)
4 comentarios:
A quienes lean esto, siento mucho el tamaño de la letra, y las repentinas variaciones,pero lo he escrito en word y al pasarlo a blogger fue literalmente imposible darle formato. Feliz 2011
Pero quién lee esto?
Yo.
No hay problema
Tus escritos, siempre me han dado una manera muy bonita de relefxionar... cosa que agradezco y te lo pido, jamás dejes de escribir!!!.
Mis mejores Deseos y mucho exito en tus planes que tenga, más de eso que tu sabes hacer. te mando un abrazo muy grande!.. Feliz año! saluuuud! :)
Cuchío, gracias por pasarte y leerlo! Jajajaja!
Dídac... =)
Publicar un comentario