"Foolin' on the human population. I know my mind's on the front line. But when I'm lovin' on the human population. Thank God my heart's playin' its part" (Devendra Banhart)
Se habían buscado durante años. Había sido, si, una búsqueda por momentos dominada por la fatiga, por la esperanza muchos otros, por la necesidad de tanto en tanto y por un sueño que nunca murió finalmente. Tras apenas cinco o
seis minutos de charla supo que Lior era para él. No era únicamente lo que físicamente le gustaba, que había, como siempre, sido lo primero que les ha hecho acercarse. La charla, si bien de unas horas, confirmó esa noche que debajo de ese brillo había toda una veta de oro. Súbitamente, como si de un acto de magia se tratara, se sentía lleno. Así, instantáneo. El sudor y las lágrimas de tiempo valían repentinamente la pena, la espera que, por momentos cada vez más frecuentes, había comenzado a saber amarga, era, de un momento para otro, cosa del pasado. ¡Cómo podía orquestarse algo así tan rápido! No podía ser sino una señal más de que la química hacía muy bien lo suyo, de que había que ser humildes, condescendientes, valientes y arriesgarse. Charly -le dijo cuando se autopresentó, extendiendo su mano y exhibiendo una tímida pero contundente sonrisa-. Lior -le contestó-. ¿Judío? -preguntó-. Si -confirmó Lior-. Y su sonrisa se hizo aún más grande, como aprobatoria. Y es que cuántas veces no había soñado que cuando el indicado apareciera, sería judío. Tenía que ser otra señal, una más, la confirmatoria. La charla se prolongó casi dos horas anes de que finalmente decidieran pararse a bailar con el resto de los invitados a la fiesta. Y así, bailando, olvidando, soñando, comenzaron a besarse. Uno, dos, tres, cortos, largos, cada vez más largos, entre miradas de complicidad, los besos fueron sucediéndose... Imaginó la cara que pondrían cada uno de sus amigos cuando se los presentara. imaginó cómo se llevaría Lior con sus suegros. Y se repitió también mil veces que no debía adelantarse, que paso a paso. Sabía que era un muy buen comienzo. Que no olía a acostón, que esta vez a penas se vinieran no sentiría ganas de echarle de su cama; pero, que ello no quería decir que las cosas tenían que salir perfectas necesariamente. La noche fue haciéndose chiquita y la fiesta, cuyo barullo desde el momento en que se conocieron habían dejado de escuchar, se estaba quedando, ahora si, callada. No quiero que esto termine -murmuró al oído de Lior-. No tiene por que terminar, ya no va a terminar -le contestó-. Y sus dos miradas al encontrarse lucieron radiantes. Charly sintió un escalofrío de emoción recorrerle, en esa mirada eran uno mismo. Cerró los ojos y deseó que en esa mirad
a quedaran atrapados los dos para siempre. ¿Tu casa o mi casa? -preguntó Lior-. La que sea, la más cercana, dónde vives -le contestó Charly-. Polanco, ¿tú? Debí suponerlo -sonrió Charly- yo en Roma, está más cerca, ¿vamos? Se tomaron de la mano y en Roma pasaron la noche.
seis minutos de charla supo que Lior era para él. No era únicamente lo que físicamente le gustaba, que había, como siempre, sido lo primero que les ha hecho acercarse. La charla, si bien de unas horas, confirmó esa noche que debajo de ese brillo había toda una veta de oro. Súbitamente, como si de un acto de magia se tratara, se sentía lleno. Así, instantáneo. El sudor y las lágrimas de tiempo valían repentinamente la pena, la espera que, por momentos cada vez más frecuentes, había comenzado a saber amarga, era, de un momento para otro, cosa del pasado. ¡Cómo podía orquestarse algo así tan rápido! No podía ser sino una señal más de que la química hacía muy bien lo suyo, de que había que ser humildes, condescendientes, valientes y arriesgarse. Charly -le dijo cuando se autopresentó, extendiendo su mano y exhibiendo una tímida pero contundente sonrisa-. Lior -le contestó-. ¿Judío? -preguntó-. Si -confirmó Lior-. Y su sonrisa se hizo aún más grande, como aprobatoria. Y es que cuántas veces no había soñado que cuando el indicado apareciera, sería judío. Tenía que ser otra señal, una más, la confirmatoria. La charla se prolongó casi dos horas anes de que finalmente decidieran pararse a bailar con el resto de los invitados a la fiesta. Y así, bailando, olvidando, soñando, comenzaron a besarse. Uno, dos, tres, cortos, largos, cada vez más largos, entre miradas de complicidad, los besos fueron sucediéndose... Imaginó la cara que pondrían cada uno de sus amigos cuando se los presentara. imaginó cómo se llevaría Lior con sus suegros. Y se repitió también mil veces que no debía adelantarse, que paso a paso. Sabía que era un muy buen comienzo. Que no olía a acostón, que esta vez a penas se vinieran no sentiría ganas de echarle de su cama; pero, que ello no quería decir que las cosas tenían que salir perfectas necesariamente. La noche fue haciéndose chiquita y la fiesta, cuyo barullo desde el momento en que se conocieron habían dejado de escuchar, se estaba quedando, ahora si, callada. No quiero que esto termine -murmuró al oído de Lior-. No tiene por que terminar, ya no va a terminar -le contestó-. Y sus dos miradas al encontrarse lucieron radiantes. Charly sintió un escalofrío de emoción recorrerle, en esa mirada eran uno mismo. Cerró los ojos y deseó que en esa mirad
a quedaran atrapados los dos para siempre. ¿Tu casa o mi casa? -preguntó Lior-. La que sea, la más cercana, dónde vives -le contestó Charly-. Polanco, ¿tú? Debí suponerlo -sonrió Charly- yo en Roma, está más cerca, ¿vamos? Se tomaron de la mano y en Roma pasaron la noche. "Fearing, oh, I'm sure gettin' better. With every morn a new fear is born. But when I'm trusting, trusting, trusting. And knowing that we're in it together. Free to face unknown. Free to overcome." (Devendra Banhart)
Despertó con los primeros rayos de sol que se colaron a través del enorme ventanal del apartamento que desde hacía 9 años compartían. Hacía un tiempo que tenía la costumbre de dejar las persianas de la sala, y la puerta de la recámara, abiertas con toda la intención de que fuera el sol quien le despertara. Lior, quien inicialmente había compartido la idea de que fueran los rayos del sol los que les despertaran, refunfuñaba cada vez más de la idea y solía quedarse en cama un poco más. Charly salió, pasó por el living, contempló un rato la ciudad que despertaba también 17 pisos más abajo y se metió en la cocina a por un vaso con agua. No había habido un 'buenos días' pues Lior ni siquiera había sentido que Charly se levantaba, como solía sentir al principio de su relación. La costumbre. Si bien había imaginado que no pegaría un ojo, había sido una noche más o menos tranquila. Le costó trabajo conciliar el sueño, le daba vueltas en la cabeza al cómo, pero una vez se durmió, lo hizo de un tirón hasta el amanecer. Recibió -a penas terminó de servirse el agua- un mensaje de Luis. De sus amigos era quien se había convertido en los últimos años en su mayor confidente y quien estaba, por supuesto, al tanto de todo. 'Seguimos en lo dicho, 11.30am?' -se leía-. 'Estoy esperando a que Lior se levante, pero si, te marco cuando ya' -contestó-. Se tomó el agua, y se quedó mirando el apartamento, deteniéndose en algunas cosas, repasó mentalmente todo lo que seguiría después de esa mañana, sintió un escalofrío, se preguntó una vez más si estaba haciendo bien... No hay marcha atrás, sabes que saldrás, le contestó ese alguien que siempre, más no todo el tiempo de la manera más civilizada, le había empujado desde su interior a sobrevivir.

Lior despertó casi una hora después, salió del cuarto, entró directo a la cocina y bebió calmadamente un vaso con leche apoyado sobre la barra que daba a la sala. Reinaba el silencio. Dio el útlimo trago, y cuando se disponía a salir de la cocina, reparó en que Charly le miraba desde la sala. Lior, le miró unos segundos, sabía por supuesto que algo pasaba, tras 9 años no era difícil reconocer cada mirada, los gestos, entenderse, espejearse. ¿Pasa algo amor? -preguntó entre extrañado y cariñoso-. Charly sintió que las palabras se le anudaban en la garganta, por una fracción de segundo sintió ganas de abrazarse de Lior y echar a llorar. Y cuando, instintivamente, su cabeza comenzaba a moverse para decir que no en silencio, eso mismo que le había recordado que no había marcha atrás unos minutos antes, se hizo escuchar, así, desnudo, sin preámbulos. Te dejo Lior -le dijo y se sumió en un silencio punzante que esperaba una respuesta inmediata o nada para dar la señal de continuar con los preparativos entonces-. ¿Me dejas? ¿Cómo me dejas? No estoy entendiendo Charly -contestó Lior-. Por su cara Charly sabía que decía la verdad, que Lior no parecía entender la situación. Sí, que me voy del apartamento, me regreso al mío, no quiero que sigamos juntos, ya no está funcionando Lior -trató de explicar Charly-. Su voz, que parecía querer esconderse, como avergonzada, a penas murmuró las útltimas 5 palabras. Por unos minutos Lior no dijo nada, sus ojos se fueron llenando de agua, pero no lloró. Finalmente, y de manera firme contestó: ¿Puedo saber por qué? Es algo difícil Lior -comenzó Charly- pero me he dado cuenta que he dejado de sentir esa emoción, o esas ganas. He dejado de soñar, de planear, vamos que si imagino cosas y hago planes en el aire, pero para mí. No sé qué pasó cariño, pero pareciera que se perdieron las cosas. ¿Así, no más? - contestó Lior- ¿De repente? ¿Y por qué hasta ahorita me lo estás diciendo? ¿Cuándo pretendes irte según tú? Hoy -musitó Charly, y se sintió terriblemente avergonzado-. ¡Hoy! -alzó la voz Lior- ¡Pero no hay na
da empacado! He encontrado un servicio de mudanza, ellos vendrán a por las cosas por la tarde, yo mientras tanto estaré en casa de Luis, él me taerá más al rato para que le indiquemos a los de la mudanza qué deben empacar y llevarse. Charly, qué está pasando rey -dijo Lior desesperado- es que no recuerdo que hayamos peleado en mucho tiempo, no recuerdo que hayamos tenido algún problema fuerte nunca, vamos cielo, todo transcurría con calma. ¡Si hasta parece que nos adivinamos el pensamiento cuando estamos juntos Charly! Somos capaces de saber lo que el otro quiere sin siquiera preguntarlo. Somos como uno, eso es lo que nos ha hecho fuertes todo este tiempo y nos ha permitido construir todo lo que tenemos. Eso es lo que nos ha hecho sonreír tantas veces, y bailar como la primera vez tantas otras. Somos como uno Charly... Y esta vez una lágrima alcanzó a escapar del ojo izquierdo de Lior quien apresuró a secarla con una servilleta y se quedó callado. Ni yo lo habría dicho mejor Lior -dijo Charly luego de unos segundos como quien está descubriendo una verdad que duele pero que ilumina- somos uno. Hemos sido nueve años uno. ¿Y quién es ese uno? ¿Charlior? Ese no existe rey. No hay uno, lo hemos construido a base de volver la identidad de cada quien en una nueva, en la nuestra. Que no se puede tocar, no se puede ver en el espejo. ¿Dónde está ese 'somos uno mismo' en el espejo? Ahí siempre habrá dos si nos miramos. Y yo no quiero más que seamos, yo necesito ser. Perdón por no haberlo dicho antes, pero no entendía qué era lo que no funcionaba si todo era perfecto. Aún hoy por la mañana no lo tenía tan claro. Pero es eso Lior, necesito ser. Lior guardó silencio y, de manera casi imperceptible, asintió, le entendía y por que le entendía le dejaría ir sin decir nada ya. En ese momento eran una vez más, y por última ocasión, uno mismo.

Lior despertó casi una hora después, salió del cuarto, entró directo a la cocina y bebió calmadamente un vaso con leche apoyado sobre la barra que daba a la sala. Reinaba el silencio. Dio el útlimo trago, y cuando se disponía a salir de la cocina, reparó en que Charly le miraba desde la sala. Lior, le miró unos segundos, sabía por supuesto que algo pasaba, tras 9 años no era difícil reconocer cada mirada, los gestos, entenderse, espejearse. ¿Pasa algo amor? -preguntó entre extrañado y cariñoso-. Charly sintió que las palabras se le anudaban en la garganta, por una fracción de segundo sintió ganas de abrazarse de Lior y echar a llorar. Y cuando, instintivamente, su cabeza comenzaba a moverse para decir que no en silencio, eso mismo que le había recordado que no había marcha atrás unos minutos antes, se hizo escuchar, así, desnudo, sin preámbulos. Te dejo Lior -le dijo y se sumió en un silencio punzante que esperaba una respuesta inmediata o nada para dar la señal de continuar con los preparativos entonces-. ¿Me dejas? ¿Cómo me dejas? No estoy entendiendo Charly -contestó Lior-. Por su cara Charly sabía que decía la verdad, que Lior no parecía entender la situación. Sí, que me voy del apartamento, me regreso al mío, no quiero que sigamos juntos, ya no está funcionando Lior -trató de explicar Charly-. Su voz, que parecía querer esconderse, como avergonzada, a penas murmuró las útltimas 5 palabras. Por unos minutos Lior no dijo nada, sus ojos se fueron llenando de agua, pero no lloró. Finalmente, y de manera firme contestó: ¿Puedo saber por qué? Es algo difícil Lior -comenzó Charly- pero me he dado cuenta que he dejado de sentir esa emoción, o esas ganas. He dejado de soñar, de planear, vamos que si imagino cosas y hago planes en el aire, pero para mí. No sé qué pasó cariño, pero pareciera que se perdieron las cosas. ¿Así, no más? - contestó Lior- ¿De repente? ¿Y por qué hasta ahorita me lo estás diciendo? ¿Cuándo pretendes irte según tú? Hoy -musitó Charly, y se sintió terriblemente avergonzado-. ¡Hoy! -alzó la voz Lior- ¡Pero no hay na
da empacado! He encontrado un servicio de mudanza, ellos vendrán a por las cosas por la tarde, yo mientras tanto estaré en casa de Luis, él me taerá más al rato para que le indiquemos a los de la mudanza qué deben empacar y llevarse. Charly, qué está pasando rey -dijo Lior desesperado- es que no recuerdo que hayamos peleado en mucho tiempo, no recuerdo que hayamos tenido algún problema fuerte nunca, vamos cielo, todo transcurría con calma. ¡Si hasta parece que nos adivinamos el pensamiento cuando estamos juntos Charly! Somos capaces de saber lo que el otro quiere sin siquiera preguntarlo. Somos como uno, eso es lo que nos ha hecho fuertes todo este tiempo y nos ha permitido construir todo lo que tenemos. Eso es lo que nos ha hecho sonreír tantas veces, y bailar como la primera vez tantas otras. Somos como uno Charly... Y esta vez una lágrima alcanzó a escapar del ojo izquierdo de Lior quien apresuró a secarla con una servilleta y se quedó callado. Ni yo lo habría dicho mejor Lior -dijo Charly luego de unos segundos como quien está descubriendo una verdad que duele pero que ilumina- somos uno. Hemos sido nueve años uno. ¿Y quién es ese uno? ¿Charlior? Ese no existe rey. No hay uno, lo hemos construido a base de volver la identidad de cada quien en una nueva, en la nuestra. Que no se puede tocar, no se puede ver en el espejo. ¿Dónde está ese 'somos uno mismo' en el espejo? Ahí siempre habrá dos si nos miramos. Y yo no quiero más que seamos, yo necesito ser. Perdón por no haberlo dicho antes, pero no entendía qué era lo que no funcionaba si todo era perfecto. Aún hoy por la mañana no lo tenía tan claro. Pero es eso Lior, necesito ser. Lior guardó silencio y, de manera casi imperceptible, asintió, le entendía y por que le entendía le dejaría ir sin decir nada ya. En ese momento eran una vez más, y por última ocasión, uno mismo. "Love is the birth of a nation. Born from the good womb of humankind. And all these stories of creation. Came from the same flame of the most high." (Devendra Banhart)
2 comentarios:
ME GUSTÓ TU RELATO ILUSTRADO CON LAS FOTOS DE ESE GUAPO CAVERNICLA GLAM
cada que leo tus escritos, es una tormenta que se consume en un lindo suspiro... un suspiro muy largo que, a veces doloroso porque uno recuerda, uno siempre es memoria... un suspiro tan corto que solo infrige una sonrisa!.
abrazoos!! :D
Publicar un comentario