martes, octubre 04, 2011

Linger

Happiness hit her like a train on a track. Coming towards her stuck still no turning back. She hid around corners and she hid under beds. She killed it with kisses and from it she fled. With every bubble she sank with a drink. And washed it away down the kitchen sink. (Florence and the Machine)

Monterrey, 4 de octubre de 2011


Jonás,

Entiendo que te resulte sumamente extraño recibir esta carta y probablemente no te apetezca mucho leerla. Dije muchas cosas en su momento, y; no obstante, me he quedado todo este tiempo con muchas cosas en la mente. Mismas que fueron tomando forma, algo de coherencia y que, sin afán de molestarte, necesitaba escribir para cerrar de una vez por todas este ciclo. Y si bien ahorita mismo desearía tenerte en frente para escuchar tu respuesta, recibir cualquier cosa que quieras decirme, al final no esperaré ninguna respuesta de tu parte. Estate tranquilo. Para cuando termine esta carta no será más necesaria una respuesta pues la tormenta habrá pasado.
No es posible echar el tiempo atrás y des decir las cosas. No es posible echar el tiempo atrás y meditar bien todo antes de ponerlo en palabras, en la boca. Pero creo que te debo una disculpa por haber dicho tantas veces que te quería, que te amaba. No era así. No me mal interpretes, no estoy haciendo un berrinche, ni jugando al adolorido, ni a la víctima. Creí amarte, creí sentir quererte, pero me apresuré, con la exaltación del momento, a decirlo, a imponérmelo como una realidad y hacerlo encajar en lo que esperaba que todo fuera. Más allá de tus palabras, de tus promesas, de tus intentos por llevar algo a buen cabo, y de tus propias escenas y teatro, quiero poner en claro lo que yo monté. Hoy, en retrospectiva, sería muy inocente de mi parte llamarle amor a la emoción. Sería muy inocente creer que te he querido y te he amado nada más porque me emocionaba al verte. Sería muy inocente cuando todo el tiempo era una rutina que buscaba hacer encajar las cosas dentro de una fantasía rosa que, para colmo, no era la primera vez que escenificaba. No, eso no es amor. Y decir 'te amo' en ese contexto no sólamente esta fuera de lugar, sino que es patético.
Amor no era tampoco pelear por ti, desvivir por ti, correr por ti, prepararlo t
odo para que las cosas nos salieran perfectas. Para que los momentos nos salieran como en un cuadro sin errores. Eso era, una vez más, mi afán, sumamente egoísta, por hacer que las cosas fueran a mi gusto. De ahí la serie de berrinches y explosiones cuando las cosas resultaban todo menos lo que esperaba. De ahí la frustarción infinita cuando no lograbas comprender el esfuerzo que había montado para que las cosas fueran de una forma. De ahí el reproche, no siempre verbal, hacia ti por no estar dando todo lo que yo daba y no me habías necesariamente pedido. Explotaba no cuando no encontraba respuesta, sino cuando la respuesta no era la que yo quería a todo el 'amor' que yo creía dar, porque había decidido que eras el amor de mi vida y así procuraba sentirlo. Sin embargo, puesto en papel, leído una y otra vez, ¿encuentras alguna razón para llamarlo amor? ¿Amar es un ejercicio individual cuajado de un esfuerzo inaudito para que las cosas sean lo que uno quiere, y que desemboca siempre en frustración cuando esto no sucede así? No, eso tampoco es amor. ¿Ves ahora como no te amaba? Fui un gran hijo de puta, ¿no es cierto? Siento mucho las veces que me sentí frustrado y enojado y engañado, mal amado porque tú no me dabas lo que yo necesitaba, lo que yo quería, lo que yo sentía que daba. Cuando en realidad mi aportación era también nada, montar escenas cuasi perfectas, correr todo el día para hacer cartas hermosas, seleccionar películas que ericen la piel con la botana adecuada, todo eso no es amarte. Todo eso huele a representación, a película, a escena de teatro. Y cuando cae el telón, cuando la obra termina, cómo duele el vacío que queda. Y cómo no ha de quedar un vacío si nada había. Si en lugar de construir, nos dedicamos a tapar agujeros con pendejadas, con moñitos y cartitas.
Tampoco te amaba, por supuesto, en el sexo taaan bueno que muchas veces tuvimos. Llegué a sentir muchas veces que era todo tuyo, que me entregaba por completo, que nos fundíamos en uno solo. Que era uno mismo con esa persona que amaba y que me amaba. En esos momentos perfectos estaba seguro de amarte. En esos momentos que funcionaban maravillosamente de paliativo, de reconciliación, de desahogo psico y fisiológico. ¿Pero quién era la persona que amaba en ese instante? No eras tú, era la escena de total entrega que yo esperaba y obtenía. ¿Y quién era quien te estaba amando en ese momento? No yo. Yo estaba ausente, ahí sólo había una ilusión, la de quien se fundía y era uno mismo con su amor. Una ilusión, nada, un sueño, nada. Un sueño protagonizado por dos ideales, por dos personajes inexistentes. Era nada. Creía como loco, después de esos momentos, que te amaba, que valía la pena todo lo demás por ti, que estábamos destinados. Es impresionante lo que hace el buen sexo cuando se combina con esa falacia llamada 'tú y yo somos uno mismo'. Pero todo estaba cimentado sobre cosas inexistentes. Sobre un yo que ya no era. Era todo un sueño del que era inevitable, al cabo de algunos minutos, despertar.
Mucho menos te amé en nuestras discusiones infinitas, ni en nuestras peleas y escenas varias. Si bien en más de una ocasión, al enjuague de las lágrimas creía haber aprendido, creía haber corroborado que si te amaba y trataba entonces de justificarlo todo como algo obvio de una relación que lucha, nada tenía una vez más sustento. No lloraba por ti, sino por mí. No lloraba por tu amor, sino por lo que no podía tener y quería, porque lo había soñado muchas veces. Y, al final, trás el llanto inicial y la discusión, volvía a llorar. Y no era de agradecimiento por las lecciones aprendidas, ni de paz, ni alegría, sino de consuelo
porque una vez más habíamos enmendado lo inexistente, lo jodido, y podría continuar con la fantasía un poco más. Si bien me llegué a creer muchas veces que todas esas escenas dolían en su momento, no era nada realmente. No te lloré, ni me lloré en ocasión alguna. Lloraba por nada, porque lo marcaba el guión de mi película, y esto no es una pantalla, ni hay escrito un guión, esto es la realidad. Cualquier intento por montar un teatro está condenado no solamente al fracaso, sino al desperdicio de tiempo, al mero ocio. No se puede llorar por algo que no existe, que no es real, que no contiene personas, sino personajes. Es como llorar por nada, como el llanto de un loco...o de un idiota.
Así es como ni en los te amos sin trasfondo, ni en los berrinches, ni en los esfuerzos futiles, ni en el sexo, ni el llanto. Porque nunca te di tu lugar, nunca te quise ver tal cual. No llegué a querer del tod
o lo que realmente puedas ser, porque no te vi completo, una parte la suplanté por lo que quise que fuera. No te di nunca lo que tú y cualquier otro ser humano merecían, toda mi atención y disposición, porque yo mismo me impuse un rol dentro de la película, suplantando también buena parte de mi persona. Y, finalmente, si nunca navegamos enteramente por la realidad, ¿qué tuvimos entonces? Algo que existió, claro, como la obra de Shakespeare, Tchaikovsky, las telenovelas o las comedias románticas de Sandra Bullock o Anne Hathaway. ¿Qué de todo eso es real? No hay nada cercano si quiera a la realidad ahi.
Lo siento pues Jonás, siento no haber estado a la altura. Y te deseo, como me deseo a mí, la capacidad y la oportunidad de poder estar a esa altura algún día, con quien tenga que ser.

Un abrazo,

Kike.


Run fast for your mother, run fast for your father. Run for your children, for your sisters and brothers. Leave all your loving, your loving behind. You can't carry it with you if you want to survive. (Florence and the Machine)

1 comentarios:

Anónimo dijo...

THE MORE YOU GIVE THE LESS YOU HAVE TO CARRY.
THE MORE YOU LEAVE, THE LESS YOU HAVE TO FOLLOW.

<3

Ni de jotas, ni de alternativas tiene esto. Ni de ficciones, ni de realidades. Ni de razones, ni de sentimientos. Tan sólo una lucha de contrarios que como todo Más + Menos da nada como resultado.